El domingo al mediodía bajé a comprar pan. El suelo de la calle Alcalá brillaba con esas manchas líquidas que desaparecen al acercarse — el espejismo de asfalto que todos hemos visto y pocos se han detenido a explicarse. Llevo años cruzando esa calle en verano. Esta mañana decidí apuntarlo en serio antes de que el frío de noviembre lo hiciera irrelevante hasta el año que viene.
Lo que se observa: a unos diez o quince metros, el asfalto parece mojado. Hay una imagen difusa del cielo reflejada en el suelo. Al avanzar, la mancha se desplaza hacia adelante y nunca llega. No hay agua; hace semanas que no llueve.
Lo que la teoría acepta: el índice de refracción del aire — la medida de cuánto dobla la luz al atravesarlo — depende de la temperatura y, por tanto, de la densidad. El aire caliente, menos denso, tiene un índice ligeramente menor que el aire frío. Cuando la luz viaja casi rasando el suelo, atraviesa un gradiente continuo de temperatura: fresco a un metro de altura, abrasador en los primeros centímetros. Ese gradiente curva los rayos hacia arriba de manera continua. La luz del cielo llega al ojo desde abajo, como si hubiera rebotado en el suelo. En los manuales de óptica básica se describe como un caso límite de la reflexión total interna, aunque aquí no hay una interfaz discreta sino un gradiente.
El orden de magnitud: la variación del índice de refracción del aire con la temperatura es pequeña, del orden de 10⁻⁴ por cada diez grados. Pero el gradiente vertical sobre el asfalto en julio puede superar 40 °C en los primeros cinco centímetros. Eso basta para curvar los rayos rasantes en distancias del orden de diez metros, que es aproximadamente donde empezaba el espejismo.
Lo que no sé con precisión: a qué altura exacta sobre el suelo ocurre la curvatura máxima, y cómo escala la distancia de aparición con el gradiente térmico. Parece razonable suponer que a mayor diferencia de temperatura, el espejismo aparece más cerca. Hoy estaba muy cerca del portal. El termómetro del bar marcaba 39 °C a la sombra.
Me pregunto si en invierno, con gradiente invertido —suelo más frío que el aire—, habría algún efecto equivalente. En principio sí; los manuales hablan de espejismo superior en latitudes frías. Pero aquí ya no me atrevo a afirmar nada sin calcular.
#cienciacotidiana #óptica #verano #cuaderno