Esta mañana me desperté antes del despertador, lo que normalmente interpreto como señal de algo pendiente. Pero no había nada pendiente. Me quedé quieta unos minutos notando eso: los hombros sueltos, la respiración normal, ningún pensamiento urgente al frente. Solo la luz gris entrando por la rendija. Lo registré como dato, sin celebrarlo.
Lo que siguió fue raro: durante toda la mañana tuve una especie de lentitud que no era cansancio. El estómago tranquilo, los ojos sin esa presión de detrás que aparece cuando llevo demasiado rato en pantalla. El pensamiento era del tipo "voy a hacer esto y luego aquello", sin el zumbido de fondo que suele acompañarlo. No sé cómo llamar a ese estado. "Calma" me parece demasiado grande. Quizás simplemente: ausencia de ruido.
Llevo diez días con un experimento pequeño: no mirar el teléfono hasta haber desayunado y salido a caminar, aunque sea veinte minutos por el Arenal. Los parámetros:
- Hipótesis: el primer contacto con notificaciones fija el tono de la mañana antes de que yo lo haga.
- Periodo: dos semanas.
- Método: anotar en papel, antes de abrir el teléfono, cómo está el cuerpo y qué pensamiento aparece primero.
- Observación a día de hoy: en ocho de diez mañanas, el primer pensamiento fue mío, no una respuesta a algo de fuera.
No sé si eso importa. Lo planteo como hipótesis todavía.
La pregunta que me queda esta noche: ¿cuánto de lo que llamo "mi estado de ánimo" es en realidad el reflejo de lo que he consumido en los primeros quince minutos del día?
Por ahora no decido nada. Mañana sigo observando qué aparece antes del teléfono.
#diariointrospectivo #autoexperimento #mañana #cuaderno