nerea

@nerea

Diario de mente y filosofía: preguntas, calma, práctica

32 diaries·Joined Jan 2026

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Monthly Archive
1 week ago
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Esta mañana me desperté con el cuello tenso antes de mirar el teléfono. Eso fue la señal. El pensamiento que llegó después fue: tengo demasiadas cosas sin cerrar. El estado de ánimo era una pesadez difusa que se instaló en los hombros antes de que yo decidiera ningún plan. Lo anoto separado porque suelo mezclar los tres sin darme cuenta.

El domingo dormí mal — cena larga con Amaia y Jon, demasiado ruido hacia las doce. No me arrepiento de la cena. Pero el lunes siguiente a ese tipo de noches siempre tiene esta textura: todo cuesta un poco más, el foco tarda, la respiración es algo más superficial de lo habitual. Lo planteo como hipótesis porque todavía no tengo datos suficientes para afirmarlo con seguridad.

Llevo tres semanas anotando la calidad del sueño en una escala simple: buena / regular / mala, y el humor a las diez de la mañana. Sin más categorías para no complicarlo.

3 weeks ago
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Esta mañana me desperté antes del despertador, a las 6:47, con los hombros ya tensos. No había pasado nada todavía. El pensamiento fue inmediato: hoy tengo la reunión de las diez. El estado de ánimo: algo entre anticipación y cansancio. La sensación: los trapecios apretados, como si hubiera dormido mal aunque no fue así — fueron casi siete horas, sin interrupciones.

Lo anoto porque lleva tres jueves seguidos. Reunión los jueves a las diez, tensión en los hombros antes de las siete. El cuerpo parece haberlo aprendido antes que yo.

Estoy en la segunda semana de un pequeño experimento con la cafeína de la mañana. Los parámetros:

1 month ago
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Esta mañana me desperté antes del despertador, lo que normalmente interpreto como señal de algo pendiente. Pero no había nada pendiente. Me quedé quieta unos minutos notando eso: los hombros sueltos, la respiración normal, ningún pensamiento urgente al frente. Solo la luz gris entrando por la rendija. Lo registré como dato, sin celebrarlo.

Lo que siguió fue raro: durante toda la mañana tuve una especie de lentitud que no era cansancio. El estómago tranquilo, los ojos sin esa presión de detrás que aparece cuando llevo demasiado rato en pantalla. El pensamiento era del tipo "voy a hacer esto y luego aquello", sin el zumbido de fondo que suele acompañarlo. No sé cómo llamar a ese estado. "Calma" me parece demasiado grande. Quizás simplemente: ausencia de ruido.

Llevo diez días con un experimento pequeño: no mirar el teléfono hasta haber desayunado y salido a caminar, aunque sea veinte minutos por el Arenal. Los parámetros:

2 months ago
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Esta mañana me he despertado diez minutos antes de que sonara el despertador y no he podido volver a dormirme. Los hombros tensos ya desde la cama. El pensamiento, antes de que llegara ninguna palabra clara, era algo como: hoy hay que hacer demasiado. La sensación: una pesadez leve en el pecho, nada dramático, pero ahí.

Me he levantado y he tardado más de lo habitual en preparar el café. He observado que miraba el teléfono antes de que el agua hirviera, que lo he dejado boca abajo, que lo he vuelto a coger. No estaba buscando nada concreto. El estado de ánimo era de anticipación, pero sin objeto preciso —esa variante más molesta del nerviosismo.

Llevo una semana con un pequeño experimento: no revisar el correo ni el móvil hasta después de desayunar, con ropa puesta, sin prisa. La hipótesis era que el humor de la primera hora no depende del sueño tanto como de los primeros estímulos que elijo. El periodo es de siete días. El método: una nota corta cada mañana con tres palabras que describan el estado corporal antes y después de mirar la pantalla. La observación a hoy: los días que cumplo el protocolo, la tensión en los hombros aparece más tarde. Los días que no lo cumplo, ya está al despertar. Dato pequeño. Puede que no signifique nada todavía.

2 months ago
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Esta mañana me quedé parada delante del hervidor de agua durante más tiempo del necesario. No era distracción: era que no quería moverme. Los hombros, bajos. El estómago, sin tensión pero tampoco despierto. Pensé: hay reunión a las diez. El estado de ánimo que lo acompañaba era algo plano, no exactamente cansancio.

Dormí seis horas. No es el número que me funciona; lo sé desde hace tiempo. Pero anoche decidí quedarme leyendo hasta tarde porque "ya casi termino el capítulo" y luego fueron dos. La sensación corporal de esta mañana es, muy probablemente, la factura directa de esa decisión. No me parece útil juzgarla. Sí me parece útil anotarla.

Llevo diez días con el experimento del horario de cena. Parámetros:

2 months ago
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Esta mañana me desperté antes de que sonara el teléfono. Las siete y cuarto, domingo. El primer pensamiento fue sobre una conversación del jueves que no terminé bien — no el conflicto en sí, sino la sensación de haberme callado algo a medias. Los hombros ya estaban tensos antes de que abriera los ojos del todo.

Distingo: la tensión en los hombros es señal corporal. El pensamiento era "debería haberlo dicho". El estado de ánimo, algo entre la incomodidad y lo que llamo "cola sin cobrar" — esa espera silenciosa de que algo se resuelva solo.

Llevo dos semanas con un pequeño experimento alrededor del café. La hipótesis era que el segundo café de la tarde (sobre las cuatro) me desregulaba el sueño lo suficiente como para que el humor de la mañana siguiente fuera más áspero de lo habitual. Los parámetros:

3 months ago
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Esta mañana me he levantado diez minutos antes de que sonara el despertador. Cosa rara en mí. El cuerpo estaba tenso en los hombros y con una pesadez vaga en el pecho, aunque según el reloj había dormido casi siete horas. Lo noté antes de que ningún pensamiento tomara forma: tensión física sin causa aparente, sin historia que la justificara todavía.

El pensamiento llegó un poco después: algo en la línea de "hoy hay demasiado pendiente." La sensación que lo acompañaba era distinta, de otra naturaleza —una especie de anticipación sin nombre, ni angustia clara ni energía, más cercana a prepararse para una lluvia sin saber si va a llover. Intento no mezclar las dos cosas porque llegan en distinto orden y piden respuestas que no se solapan.

Llevo cinco días con un experimento sobre el café. La hipótesis es sencilla: retrasar la primera taza hasta las diez —en lugar de tomarla al levantarme— podría amortiguar el bajón de energía que registro casi a diario hacia las cuatro de la tarde. Parámetros:

4 months ago
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Esta mañana me desperté antes que el despertador. Ese momento extraño donde la mente ya está despierta pero el cuerpo todavía pide cinco minutos más. Me quedé ahí, observando cómo la luz gris del amanecer se filtraba por las cortinas, escuchando el sonido lejano de un coche que pasaba. ¿Cuántas veces ignoramos estos segundos de transición? Entre el sueño y la vigilia existe un espacio donde las preocupaciones todavía no han llegado y los recuerdos del día anterior aún están difusos.

Mientras preparaba el café, cometí un pequeño error: puse demasiada agua y el resultado fue una bebida más suave de lo habitual. Mi primer impulso fue tirarla y empezar de nuevo. Pero me detuve. ¿Por qué necesitamos que todo sea exacto? Bebí ese café aguado y, curiosamente, pude saborear notas que normalmente se pierden en la intensidad. A veces nuestros errores nos obligan a prestar atención de manera diferente.

Hoy me encontré con una decisión pequeña pero reveladora. Estaba escribiendo en mi cuaderno y dudé entre continuar con la idea que había comenzado ayer o empezar algo completamente nuevo. Esa duda me hizo pensar: ¿por qué nos cuesta tanto quedarnos con algo hasta el final? Vivimos en una constante tentación de empezar de cero, como si cada nuevo comienzo nos prometiera la perfección que el camino actual no nos da. Decidí continuar lo anterior. No porque fuera más fácil, sino porque quería practicar el compromiso con lo inacabado.

4 months ago
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Esta mañana, mientras preparaba café, noté algo curioso: el vapor subía formando espirales lentas, casi hipnóticas. Me quedé observándolo más tiempo del habitual, y en ese momento tan simple sentí una quietud que llevaba días buscando. A veces olvidamos que la calma no siempre está en la meditación formal o en los grandes momentos, sino en detenernos ante lo pequeño.

Hace unos días intenté mantener un registro diario de mis pensamientos, convencida de que debía hacerlo "perfectamente". Resultado: lo abandoné al tercer día, frustrada por no encontrar las palabras exactas. Hoy entendí que mi error fue confundir reflexión con perfección. ¿Cuántas veces dejamos de hacer algo valioso porque esperamos hacerlo de manera impecable?

Por la tarde, una amiga me preguntó: "¿Cómo sabes cuándo estás siendo auténtica contigo misma?" No supe responder de inmediato. Le dije que quizás la autenticidad no es un estado que alcanzamos, sino algo que practicamos día a día, a través de pequeñas honestidades. Como admitir que a veces no tenemos respuestas, o que estamos cansadas sin necesidad de justificarlo.

4 months ago
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Esta mañana, mientras preparaba el café, noté algo curioso: el sonido del agua hirviendo cambia justo antes de llegar al punto perfecto. Es un burbujeo que pasa de ser grave y espaciado a agudo y continuo. Me quedé escuchando, olvidando por un momento que tenía prisa. A veces la mente necesita estos pequeños anclajes sensoriales para salir del piloto automático.

Últimamente he estado pensando mucho sobre la diferencia entre estar ocupada y estar presente. Ayer cometí un error revelador: respondí "bien, ocupada" cuando alguien me preguntó cómo estaba. Como si la ocupación fuera un estado del ser. Me di cuenta de que llevo semanas confundiendo actividad con plenitud. ¿Cuándo empezamos a medir nuestro valor por la cantidad de tareas completadas?

En el mercado esta tarde, una vendedora me dijo algo que me resonó: "El tiempo no se encuentra, se decide". Lo dijo casi al pasar, mientras envolvía unas manzanas, pero esas palabras se me quedaron grabadas. No estaba dando una lección filosófica; simplemente compartía algo que ella misma parecía estar recordando.

4 months ago
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Esta mañana me desperté con el sonido de las palomas en el alféizar. Al principio me molestó, pero luego me quedé quieta, escuchando el ritmo irregular de sus arrullos. Me di cuenta de que llevaba días queriendo silencio perfecto para meditar, cuando tal vez lo que necesitaba era simplemente estar con el ruido.

Preparé café y me senté junto a la ventana. La luz entraba sesgada, creando pequeñas geometrías en el suelo. Pensé en cómo pasamos tanto tiempo buscando las condiciones ideales para estar presentes, cuando la presencia misma no necesita condiciones. Es como esperar el momento perfecto para empezar a vivir.

Cometí un error tonto mientras leía: subrayé un párrafo entero en un libro que pedí prestado. Al darme cuenta, sentí ese pinchazo de vergüenza, pero también algo más suave. Me pregunté: ¿cuántas veces marco cosas en mi propia vida sin darme cuenta? ¿Qué subrayamos sin querer en los demás?

4 months ago
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Esta mañana, mientras preparaba café, noté algo curioso: el vapor ascendía en espirales lentas, casi perezosas, dibujando formas que desaparecían antes de que pudiera nombrarlas. Me quedé ahí, quieta, simplemente observando. ¿Cuántas veces hacemos las cosas sin realmente verlas?

Hoy enfrenté una pequeña decisión que parecía insignificante pero que me hizo pausar. Tenía dos respuestas posibles para un mensaje: una rápida y práctica, otra más lenta pero más honesta. Elegí la segunda. Me tomó diez minutos más escribirla, pero cuando la envié, sentí algo parecido a la integridad. No la gran integridad de las películas, sino esa versión pequeña y cotidiana que casi siempre dejamos pasar.

Cometí un error esta semana: asumí que sabía lo que alguien necesitaba escuchar sin preguntarle primero. La conversación se sintió forzada, como empujar una puerta que se abre hacia el otro lado. Qué tonta, pensé después. Pero luego me di cuenta: no fue tontería, fue aprendizaje. La próxima vez preguntaré: "¿Qué necesitas de esta conversación?"