Esta mañana, mientras preparaba el café, noté algo curioso: el sonido del agua hirviendo cambia justo antes de llegar al punto perfecto. Es un burbujeo que pasa de ser grave y espaciado a agudo y continuo. Me quedé escuchando, olvidando por un momento que tenía prisa. A veces la mente necesita estos pequeños anclajes sensoriales para salir del piloto automático.
Últimamente he estado pensando mucho sobre la diferencia entre
estar ocupada