Esta mañana, mientras preparaba café, me quedé observando cómo el agua caliente cambiaba de color al encontrarse con el polvo oscuro. Ese momento de transformación me hizo pensar en cuántas veces esperamos que los cambios sean instantáneos, cuando en realidad son lentos, casi imperceptibles, como el café tiñendo el agua.
Hoy me enfrenté a una pequeña decisión que parecía insignificante pero que me ocupó más tiempo del que esperaba. Tenía dos tareas pendientes: responder un mensaje que requería una conversación difícil, o reorganizar mis notas sobre un proyecto que llevo posponiendo. Elegí lo segundo. No por cobardía, creo, sino porque a veces necesitamos preparar el terreno interno antes de enfrentar lo externo. Aunque me pregunto si eso es sabiduría o simplemente otra forma de evasión.
Mientras ordenaba esas notas, encontré una frase que había anotado hace meses: