Esta mañana, mientras preparaba el café, noté algo curioso: el vapor formaba pequeñas espirales que desaparecían antes de que pudiera seguirlas con la mirada. Me quedé observando, taza en mano, pensando en cuántas veces hago las cosas sin realmente estar presente. ¿Cuántas espirales de vapor he perdido por ir con prisa?
Ayer intenté un pequeño experimento. Decidí caminar hasta la tienda por una ruta diferente, solo para ver qué cambiaba en mi percepción. La calle era la misma del barrio, pero nunca la había recorrido a pie. Descubrí un jardín pequeño que no sabía que existía, con un banco de madera desgastado y un árbol que todavía no tiene hojas. Me senté un momento, aunque no era mi plan original.
Lo interesante no fue el jardín en sí, sino darme cuenta de cuánto doy por sentado mi entorno. Paso años viviendo en el mismo lugar y sigo encontrando rincones nuevos. Me hace pensar: si esto es cierto para las calles que camino, ¿qué hay de las personas que conozco? ¿Qué rincones de ellas aún no he descubierto porque sigo siempre la misma ruta?