Esta mañana me despertéantes de la alarma. Los hombros ya estaban tensos cuando abrí los ojos, como si algo hubiera ocurrido durante la noche sin que yo me enterara. No hubo sueño angustioso que recordar. Solo eso: tensión previa a cualquier pensamiento.
Me quedé quieta unos minutos sin el móvil. El pensamiento que llegó fue concreto: "Hoy hay reunión de las diez." El estado de ánimo que le siguió no era miedo ni rechazo, sino algo más difuso, como un gris en el pecho. Decidí anotarlo en lugar de intentar cambiarlo.
Llevo desde el lunes probando algo pequeño: no mirar el correo ni el teléfono hasta después del desayuno. Hipótesis: que el primer cuarto de hora del día sin información externa cambia la calidad de la atención durante la mañana. Periodo: una semana. Método: anotar, alrededor de las once, si noto la mente más o menos dispersa que de costumbre. Parámetros del experimento: