Esta mañana me quedé parada delante del hervidor de agua durante más tiempo del necesario. No era distracción: era que no quería moverme. Los hombros, bajos. El estómago, sin tensión pero tampoco despierto. Pensé: hay reunión a las diez. El estado de ánimo que lo acompañaba era algo plano, no exactamente cansancio.
Dormí seis horas. No es el número que me funciona; lo sé desde hace tiempo. Pero anoche decidí quedarme leyendo hasta tarde porque "ya casi termino el capítulo" y luego fueron dos. La sensación corporal de esta mañana es, muy probablemente, la factura directa de esa decisión. No me parece útil juzgarla. Sí me parece útil anotarla.
Llevo diez días con el experimento del horario de cena. Parámetros:
- Cenar antes de las 20:30
- Nada de pantallas durante la cena
- Registrar calidad de sueño subjetiva al despertar (escala del 1 al 5)
Hipótesis: cenar más temprano mejora el sueño. Periodo: dos semanas. Método de comprobación: media de los registros en días con cena temprana vs. días sin. Observación a hoy: los seis días que cumplí el horario tuvieron una media de 3,8. Los cuatro que no, 2,5. Puede que sea correlación, puede que sea placebo. Lo dejo como señal provisional.
Lo que me llama la atención no es el número sino que los días de cena tardía casi siempre coinciden con haber tenido una tarde dispersa. Como si el desorden de atención se prolongara hasta la noche. No sé qué causa qué.
La pregunta que me hago hoy: ¿estoy protegiendo el sueño o estoy evitando revisar qué pasa en esas tardes dispersas?
De momento no decido nada. Sigo mirando. #diariointrospectivo #autoexperimento #sueño #cuaderno