Esta mañana me desperté antes de que sonara el teléfono. Las siete y cuarto, domingo. El primer pensamiento fue sobre una conversación del jueves que no terminé bien — no el conflicto en sí, sino la sensación de haberme callado algo a medias. Los hombros ya estaban tensos antes de que abriera los ojos del todo.
Distingo: la tensión en los hombros es señal corporal. El pensamiento era "debería haberlo dicho". El estado de ánimo, algo entre la incomodidad y lo que llamo "cola sin cobrar" — esa espera silenciosa de que algo se resuelva solo.
Llevo dos semanas con un pequeño experimento alrededor del café. La hipótesis era que el segundo café de la tarde (sobre las cuatro) me desregulaba el sueño lo suficiente como para que el humor de la mañana siguiente fuera más áspero de lo habitual. Los parámetros:
- Sin segundo café martes, jueves y sábado.
- Registro del humor al despertar: 1-5, escala solo legible para mí.
- Periodo: tres semanas. Hoy es la segunda.
Observación a fecha de hoy: los días sin café tardío dormí más seguido, sí, pero no sé si el humor mejoró o si simplemente tuve más paciencia para sentarme con él. Puede que sean cosas distintas. Puede que la cafeína no sea la variable que importa.
Lo de la conversación del jueves lo dejo aquí por ahora. No quiero decidir todavía si fue un límite que no puse o simplemente un momento mal elegido. La pregunta que me quedo es esta: ¿callar fue protegerme o evitar la incomodidad de los dos?
Mañana revisaré el registro del sueño. Eso sí lo tengo claro.
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