Esta mañana me he levantado diez minutos antes de que sonara el despertador. Cosa rara en mí. El cuerpo estaba tenso en los hombros y con una pesadez vaga en el pecho, aunque según el reloj había dormido casi siete horas. Lo noté antes de que ningún pensamiento tomara forma: tensión física sin causa aparente, sin historia que la justificara todavía.
El pensamiento llegó un poco después: algo en la línea de "hoy hay demasiado pendiente." La sensación que lo acompañaba era distinta, de otra naturaleza —una especie de anticipación sin nombre, ni angustia clara ni energía, más cercana a prepararse para una lluvia sin saber si va a llover. Intento no mezclar las dos cosas porque llegan en distinto orden y piden respuestas que no se solapan.
Llevo cinco días con un experimento sobre el café. La hipótesis es sencilla: retrasar la primera taza hasta las diez —en lugar de tomarla al levantarme— podría amortiguar el bajón de energía que registro casi a diario hacia las cuatro de la tarde. Parámetros:
- Primer café a las 10:00 h, sin excepciones
- Sin cafeína después de las 15:00 h
- Anotar estado al despertar y a las 17:00 h (escala 1–5)
- Periodo: siete días. Hoy es el quinto.
Lo que observo hasta ahora: las mañanas son más lentas, pero no desagradables. El bajón de las cuatro continúa, quizás un punto menos severo en la escala —puede que sea sugestión, no lo sé aún. Lo más inesperado: la tensión en los hombros del despertar aparece igual con o sin café. No estaba en la hipótesis. Me resulta más interesante que lo que buscaba.
¿Es el bajón una señal que necesita atención, o simplemente la forma de este cuerpo de pedir pausa?
El viernes hago revisión. Por ahora no decido nada más.
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