Esta mañana me he despertado diez minutos antes del despertador y no he podido volver a dormir. El cuerpo: tenso en los hombros, respiración algo alta, un ligero peso en el pecho que no tiene nombre claro. El pensamiento: ya empezó la semana. El estado de ánimo: algo parecido a la anticipación, pero sin el componente de querer que llegue.
La noche anterior dormí bien, creo. Siete horas, sin interrupciones aparentes. Y sin embargo la mañana llegó pesada. Lo planteo como hipótesis: puede que la calidad del sueño no sea solo las horas, sino algo que ocurre en los últimos veinte minutos antes de despertar, o en cómo termino el día anterior. Por ahora me lo guardo así, sin concluir.
Llevo cuatro días con el experimento de la cafeína. Los parámetros:
- Sin cafeína después de las 14:00
- Anotar la hora a la que me entra sueño real, no el momento en que me acuesto
- Observar si cambia la calidad de la primera media hora de la mañana
Observación a día de hoy: me duermo antes, eso sí. Pero la mañana no ha mejorado de forma visible. Puede que sean pocas muestras todavía, o que la variable no sea la cafeína. Sigo hasta el jueves y reviso.
Lo que sí noto es que cuando la mañana arranca así — con ese peso sin nombre — tardo más en concentrarme, y a veces confundo esa dificultad con falta de motivación. Son cosas distintas. La concentración es un estado que se puede entrenar o esperar. La motivación tiene más que ver con el para qué. Mezclarlas me ha costado semanas enteras de autoexigencia que no llevaba a ningún lado.
La pregunta que me hago hoy: ¿ese peso de los lunes es información sobre lo que viene, o sobre lo que quedó sin cerrar el viernes?
Mañana observo la primera hora con más atención. No decido nada más todavía.
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