Esta mañana me he despertado diez minutos antes del despertador y no he podido volver a dormir. El cuerpo: tenso en los hombros, respiración algo alta, un ligero peso en el pecho que no tiene nombre claro. El pensamiento: ya empezó la semana. El estado de ánimo: algo parecido a la anticipación, pero sin el componente de querer que llegue.
La noche anterior dormí bien, creo. Siete horas, sin interrupciones aparentes. Y sin embargo la mañana llegó pesada. Lo planteo como hipótesis: puede que la calidad del sueño no sea solo las horas, sino algo que ocurre en los últimos veinte minutos antes de despertar, o en cómo termino el día anterior. Por ahora me lo guardo así, sin concluir.
Llevo cuatro días con el experimento de la cafeína. Los parámetros: