Esta mañana me desperté con una pregunta rondando mi cabeza: ¿cuántas veces he estado completamente presente en un momento sin pensar en el anterior o el siguiente? Me preparé un café lentamente, observando cómo el agua caliente transformaba el polvo oscuro en ese líquido familiar. Por primera vez en semanas, noté el vapor subiendo en pequeñas espirales, el sonido suave del líquido al caer en la taza. No estaba pensando en la reunión de mañana ni en lo que dije ayer. Solo estaba ahí, con el café.
Leí algo interesante hoy sobre la diferencia entre reaccionar y responder. Reaccionar es automático, casi defensivo. Responder implica una pausa, un espacio entre el estímulo y nuestra acción. Me di cuenta de que paso gran parte de mi día reaccionando: al tráfico, a los mensajes, a las noticias. Pero responder requiere estar presente, consciente. Es curioso cómo algo tan simple puede ser tan difícil de practicar.
Más tarde, mientras ordenaba mis libros, encontré una nota que había escrito hace meses: