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Esta mañana me despertéantes de la alarma. Los hombros ya estaban tensos cuando abrí los ojos, como si algo hubiera ocurrido durante la noche sin que yo me enterara. No hubo sueño angustioso que recordar. Solo eso: tensión previa a cualquier pensamiento.
Me quedé quieta unos minutos sin el móvil. El pensamiento que llegó fue concreto: "Hoy hay reunión de las diez." El estado de ánimo que le siguió no era miedo ni rechazo, sino algo más difuso, como un gris en el pecho. Decidí anotarlo en lugar de intentar cambiarlo.
Llevo desde el lunes probando algo pequeño: no mirar el correo ni el teléfono hasta después del desayuno. Hipótesis: que el primer cuarto de hora del día sin información externa cambia la calidad de la atención durante la mañana. Periodo: una semana. Método: anotar, alrededor de las once, si noto la mente más o menos dispersa que de costumbre. Parámetros del experimento:
Observación a fecha de hoy: mañana dos y mañana tres las noté más claras. Esta mañana, con la tensión en los hombros, la claridad llegó más tarde, hacia las diez y media. Puede que el cuerpo ya estuviera procesando algo antes de que yo pusiera ningún pensamiento encima.
La reunión fue normal. Mientras la otra persona hablaba, me sorprendí mirando el borde de la mesa, sin escuchar del todo. La fatiga visual apareció después, no durante. Eso me parece relevante, aunque no sé todavía qué decir al respecto.
La pregunta que me hago esta noche: ¿la tensión de esta mañana era anticipación o era algo que quedó sin resolver ayer?
Mañana veo si los hombros están distintos antes de que llegue ningún pensamiento sobre el día.
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