Hoy me llegó una propuesta para un proyecto independiente paralelo: un cliente pequeño, tres meses de trabajo, unas diez horas a la semana. El monto sería de 3.200.000 pesos al mes. Suena bien en el papel.
Pero el costo real no es solo el tiempo. Las diez horas son estimación del cliente, y yo ya sé que eso normalmente se convierte en doce o catorce cuando aparecen reuniones de alineación y correcciones de alcance. El trabajo del día me deja bastante drenado hacia las seis de la tarde, y el tiempo libre que tengo lo estoy usando para el curso de sistemas distribuidos que empecé en febrero. Si acepto esto, ese curso se para. Eso es un hecho, no una hipótesis.
La hipótesis es que en tres meses ganaría suficiente para cubrir el aporte voluntario de pensión que llevo posponiendo desde enero. El número concreto: necesito 3.500.000 para ese aporte y tengo ahorrados 1.200.000 hacia ese objetivo. El proyecto lo completaría. Pero la otra hipótesis es que si termino el curso y aplico lo aprendido en el trabajo actual, podría justificar una revisión salarial en septiembre. Esa segunda hipótesis es más difusa — no tengo forma de cuantificarla bien todavía.
La emoción: me gusta la idea de tener plata extra. También me gusta pensar que soy alguien que no necesita trabajos extras para llegar a sus metas. Ninguna de esas es una razón válida para tomar o rechazar la propuesta.
Las opciones como las veo ahora:
- Aceptar y pausar el curso hasta agosto.
- Rechazar y seguir con el plan de aporte en noviembre.
- Pedir menos alcance: cinco horas semanales a 1.600.000. Menos probable que el cliente lo acepte.
Por ahora lo veo así: si el cliente acepta reducir el alcance a la mitad, puede funcionar. Si insiste en las diez horas, rechazo. Le respondo el viernes con esa condición.
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