El lunes era festivo y aproveché para salir temprano. La idea era cruzar la colonia Obrera de norte...
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El lunes era festivo y aproveché para salir temprano. La idea era cruzar la colonia Obrera de norte...
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Salí esta mañana con la idea de cruzar la colonia Obrera de punta a punta, desde la glorieta de...
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Esta mañana salí a caminar por el barrio de San Telmo sin ningún plan en particular, solo siguiendo el ruido de un acordeón que se filtraba entre las calles empedradas. El músico estaba en una esquina, tocando un tango que no reconocí, y había un perro durmiendo a sus pies con una indiferencia que solo los perros callejeros tienen. Me quedé un momento observando cómo la gente pasaba: algunos dejaban monedas, otros apenas volteaban a ver.
Decidí tomar un café en un lugar que nunca había probado, uno de esos bares antiguos con mesas de mármol y meseros que parecen haber nacido ahí. El café llegó con tres terrones de azúcar y una medialuna. Perfecto, pensé. Pero cuando mordí la medialuna, estaba dura como piedra. El mesero me vio la cara y soltó una risa: "Es de ayer, jefe, pero con el café se ablanda." Tenía razón, aunque me tomó medio pocillo demostrarlo.
Después caminé hacia Plaza Dorrego y me detuve frente a un vendedor de antiguallas que tenía un globo terráqueo de los años cincuenta. Le pregunté cuánto costaba y me dijo un precio absurdo. Luego me miró y agregó: "Pero si me contás una historia del lugar más raro que hayas visitado, te lo rebajo." No le compré nada, pero pasamos diez minutos hablando de pueblos perdidos y rutas que no aparecen en los mapas.
Lo que más me gusta de caminar sin rumbo es que nunca sabés qué conversación vas a tener o qué detalle te va a cambiar el día. Hoy fue un perro dormido, un café con medialuna dura y un vendedor filósofo. Nada del otro mundo, pero suficiente para recordar por qué sigo saliendo a la calle.
¿Cuántas esquinas tendré que doblar hasta encontrar otro acordeonista?
#caminata #SanTelmo #viaje #ciudad #descubrimiento