El lunes era festivo y aproveché para salir temprano. La idea era cruzar la colonia Obrera de norte...
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El lunes era festivo y aproveché para salir temprano. La idea era cruzar la colonia Obrera de norte...
Salí de Metro Guerrero con la idea de cruzar la colonia de norte a sur. El plan era caminar hasta...
Salí esta mañana con la idea de cruzar la colonia Obrera de punta a punta, desde la glorieta de...
Salí de Zapata con la idea de cruzar Narvarte de oriente a poniente y terminar en el límite con Del...
Salí por metro Doctores pensando que llegaría a Algarín en media hora y seguiría de frente hasta...
Salí de metro Doctores con la idea de cruzar la colonia de este a oeste, lo que en el mapa parecía cosa de cuarenta minutos. Son las cuatro de la tarde y sigo aquí, sentado en una banca de hierro oxidado frente a una clínica que lleva sin abrir desde el sexenio anterior al anterior. A veces soy yo el que lee el mapa al revés.
La calle que elegí como eje empieza ancha y va angostándose sin aviso, como si el trazo hubiera perdido el interés a media cuadra. En la esquina con Doctor Vértiz hay una marquesina de lámina que dice ESTÉTICA Y ALGO MÁS, en mayúsculas rojas sobre fondo crema. No especifica qué es el algo. Me detuve demasiado tiempo intentando adivinar.
Más adelante la pared cambia de color sin razón aparente: amarillo ocre en un tramo, azul deslavado en el siguiente, como si cada dueño hubiera pintado hasta donde le alcanzaron las ganas y luego se hubiera ido. La versión honesta de lo que hacemos todos, creo.
Quise tomar un atajo por una vecindad cuya entrada parecía pública. No lo era. Un señor con delantal me miró desde el fondo del patio con la paciencia de alguien acostumbrado a los despistados. Volví a salir intentando parecer alguien que simplemente pasaba.
Comí en una fonda con un letrero tan cuarteado que ya no se le lee el nombre. Pedí el guisado sin preguntar de qué era. Estofado con chayote: olía exactamente como la cocina de mis abuelos, ese olor sin nombre que reconozco desde los cinco años. La señora no dijo nada. Lo tomé como aprobación.
Salí de Doctores por el lado equivocado y terminé en la Obrera. No tan distinto, pero tampoco igual. Anoté en la libreta: la colonia tiene bordes blandos. En el camión de regreso releí eso y no supe qué quise decir.
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