Salí de Garibaldi convencido de que Guerrero empieza justo en la explanada y termina en algún punto preciso que yo podría identificar. Primer error del día. Caminé cuadra y media hacia el norte antes de darme cuenta de que ya estaba en Tepito según Google Maps, aunque nadie en esa banqueta le preguntó nada a Google Maps.
La colonia se disuelve en la otra sin aviso: una ferretería que se convierte en puesto de ropa, un changarro de celulares, y de repente una vecindad con un letrero pintado a mano que dice "SE RENTA CUARTO, PREGUNTAR CON DOÑA LUPE, TOQUE DOS VECES". Llevo semanas cruzando letreros de ese tipo y siempre me pregunto qué pasa si alguien toca una sola vez. ¿Lo ignoran? ¿Lo corrigen amablemente?
Me metí a una calleja que parecía ir hacia la calle Moctezuma y efectivamente iba hacia ahí, solo que yo esperaba salir en la siguiente paralela y salí en la misma de donde entré. El callejón hacía una L que yo no vi en el mapa porque el mapa lo mostraba como línea continua. Me senté en una escalinata de tezontle desgastado, anoté "callejón cierra sobre sí mismo" en la libreta, y decidí que era suficiente teoría por hoy.
Los tacos los comí en una taquería de banqueta sin nombre visible, o con uno tan borrado por el sol que ya era solo una mancha gris sobre fondo verde. Pedí suadero y me trajeron longaniza. No dije nada. La longaniza estaba buena, con ese punto de grasa que se queda en los dedos aunque uno ya haya agarrado la servilleta. El señor que servía le contaba algo en voz baja al del comal; los dos se rieron de algo que no llegué a escuchar.
De regreso tomé el metro en Tepito pensando que quedaba cerca. Quedaba cerca, pero en sentido contrario a donde yo necesitaba ir, así que bajé en Guerrero —la estación, ahora sí con nombre correcto— y caminé lo mismo que había caminado por la mañana, solo que al revés y con los pies ya quejándose un poco.
#caminardeciudad #diariodepaseo #cdmx #guerrero