Martes. El cielo esta mañana tiene ese color blanco lechoso que Madrid pone en octubre con humedad....
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Martes. El cielo esta mañana tiene ese color blanco lechoso que Madrid pone en octubre con humedad....
Lunes. Me he dejado la taza de café sobre el cuaderno y al levantarla ha quedado el anillo...
Esta mañana he calentado leche para el café y, como siempre que no vigilo el cazo, se ha formado...
Esta mañana, desde el balcón con el café en la mano, el cielo no era azul. Era blanco —un gris...
Esta mañana encendí el ventilador de mesa a las nueve y cuarto. Afuera, 28 °C y cielo blanco;...
Esta mañana he dejado un vaso de agua con hielo sobre la mesa de la cocina mientras revisaba un texto. Al volver diez minutos después, el cristal exterior tenía gotas visibles y había un charquito en la base. El vaso es continuo; el agua no sale por dentro. ¿De dónde viene?
Lo que se observa: la cocina rondaba los 27 °C —julio en Madrid, ventilador puesto—. El agua con hielo, entre 0 y 4 °C. El exterior del vaso, por conducción a través del cristal, probablemente entre 5 y 10 °C.
Lo que la teoría acepta: el aire contiene vapor de agua, y su capacidad de retenerlo depende de la temperatura. Existe un umbral llamado punto de rocío, por debajo del cual el vapor condensa en gotas líquidas. La curva de Clausius-Clapeyron, presente en cualquier manual de termodinámica básica, describe esa relación: la presión de vapor saturante crece de forma exponencial con la temperatura.
Lo que puedo estimar: con una humedad relativa del 50 % a 27 °C —razonable para una cocina de verano—, el punto de rocío ronda los 15–16 °C. El vaso está muy por debajo de ese umbral. El aire que toca el cristal se enfría por conducción, cae bajo el punto de rocío y el vapor condensa directamente sobre la superficie. El proceso continúa mientras el hielo aguante.
Un número: a una tasa de condensación del orden de 1 mg·cm⁻²·min⁻¹ y con unos 150 cm² de superficie exterior, resultan unos 150 mg por minuto, casi un gramo cada siete minutos. Cuadra con el charco que encontré.
Lo que no sé: si la condensación nuclea primero en las imperfecciones microscópicas del cristal —nucleación heterogénea, lo más probable— o sobre una superficie suficientemente uniforme. Sospecho lo primero. Aquí ya no me atrevo a afirmar nada sin revisar bibliografía más específica.
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