La electricidad estática me sorprendió hoy mientras colgaba la ropa. Creía que eran los aparatos electrónicos los que generan ese chispazo desagradable, pero hoy descubrí que mi propia ropa de algodón, frotada contra la lana de mi suéter, produce el mismo efecto. La electricidad estática es simplemente una acumulación de carga eléctrica en la superficie de un objeto, que ocurre cuando dos materiales se frotan y transfieren electrones. No hace falta ningún enchufe ni batería.
Pensemos en ello como si fueran dos personas intercambiando monedas sin querer: una se queda con más, la otra con menos. Cuando toco el picaporte metálico después de caminar sobre la alfombra, los electrones que acumulé en mi cuerpo saltan hacia el metal en forma de chispa visible. Es el mismo principio que hace que mi cabello se pegue al globo después de frotarlo.
Mientras doblaba las sábanas, mi compañera de piso me preguntó: «¿Por qué a veces me da corriente y otras veces no?». Le expliqué que la humedad del aire es clave. En días secos, como hoy, la electricidad estática se acumula fácilmente porque el agua normalmente conduce la carga y la dispersa. En invierno, con la calefacción encendida, el aire interior se vuelve muy seco y los chispazos son más frecuentes. Por eso en verano, con más humedad ambiental, casi no lo notamos.