Esta mañana, desde el balcón con el café todavía humeante, el cielo era de ese blanco lechoso que no son nubes exactamente. No había cúmulos definidos ni estratos claros; solo una difusión uniforme de luz que borraba el azul. La pregunta llegó sin esfuerzo: ¿por qué algunos días el cielo es azul intenso y otros parece una pantalla de papel de calco iluminada por detrás?
Lo que se observa:
viento casi nulo, unos 16 °C, algo de niebla baja a primera hora que se disipó antes de las nueve. Sin lluvia. Sin nubes definidas. El mismo sol, la misma ciudad, distinto cielo.