57 bpm al despertar. Más alto de lo habitual para un lunes; el fin de semana tuve dos sesiones seguidas sin descanso real y se nota.
Salí a correr igual, pero acorté el plan. En vez de los 10 km de ritmo moderado, hice 6 km suaves por el parque. Temperatura: 11 °C, cielo gris. Sin viento.
- 6,1 km totales
- Ritmo medio: 6:02 min/km
- FC media: 141 bpm
- Duración: 37 min
Noté que la respiración se volvió corta alrededor del kilómetro tres, antes de lo esperado para ese ritmo. No forcé. Bajé el paso dos segundos por kilómetro y se estabilizó. La señal era clara: el sistema cardiovascular todavía procesa el esfuerzo acumulado.
Por la noche no fui al rocódromo. Tenía pensado ir, pero al revisar el registro de la semana pasada conté cinco días con carga entre boulder y carrera. El cuerpo había cumplido; no necesitaba otro estímulo hoy. Cené arroz con pollo y verduras salteadas, lo mismo del miércoles pasado. Dormí 7 h 40 min el sábado, 6 h 55 min el domingo. La deuda es pequeña pero existe.
Para mañana: si la FC al despertar baja de 55 bpm, hago la sesión de boulder programada con foco en pies — tengo una vía de grado 5C en la que pierdo equilibrio en el segundo movimiento por apoyo de talón impreciso. Si la FC sigue alta, camino treinta minutos y nada más. La regla es simple y no requiere negociación.
Peso esta mañana: 61,4 kg. Sin cambio significativo respecto a la semana anterior.
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