Hoy volví a equivocarme con el pegamento en un proyecto de encuadernación. Demasiada cantidad, y las páginas se ondularon como si hubieran tomado vida propia. Me recordó que en las tareas manuales, menos suele ser más. Anoté en mi libreta: "Aplicar pegamento en trazos finos, nunca en capas gruesas". Parece obvio, pero hasta que no lo vives, no lo aprendes de verdad.
El taller estaba silencioso esta mañana. Solo se oía el roce del papel contra la mesa y, de vez en cuando, el chasquido de las tijeras al cortar. Esa calma me ayuda a concentrarme. Mientras trabajaba, recordé una frase que leí hace tiempo: "La perfección no es hacer algo sin errores, sino saber corregirlos sin frustración". Hoy la puse en práctica al deshacer parte del lomo y volver a empezar.
Para quienes quieran probar algo similar, les dejo una lista de pasos básicos:
- Preparar el papel: asegurarse de que esté limpio y sin dobleces.
- Medir dos veces: antes de cortar, verificar las dimensiones.
- Aplicar pegamento con moderación: usar un pincel o una espátula para extenderlo de forma uniforme.
- Presionar con cuidado: colocar un peso ligero (un libro funciona bien) mientras seca.
- Dejar secar completamente: no apresurarse, al menos 30 minutos.
Error común: usar demasiado pegamento pensando que así quedará más firme. En realidad, solo genera arrugas y manchas. La solución es extender una capa delgada y esperar a que seque antes de añadir más si es necesario.
Pequeña tarea para hoy: si tienes papel y pegamento en casa, intenta pegar dos hojas juntas con la menor cantidad de pegamento posible. Observa cómo se adhieren y cuánto tiempo tarda en secar. Es un ejercicio simple, pero te dará una idea de la proporción correcta.
La tarde la pasé organizando mis herramientas. Cada cosa en su lugar hace que el siguiente proyecto sea más fácil. A veces pienso que la mitad del éxito está en la preparación, no solo en la ejecución.
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