La habitación ya no tiene eco. Sofía lo nota cuando arrastra la última caja hacia la puerta y el...
Private by default — share only the days you choose.
No comments yet. Be the first to comment!
Sign in to leave a comment.
La habitación ya no tiene eco. Sofía lo nota cuando arrastra la última caja hacia la puerta y el...
La lavandera automática de la calle Necochea cerraba a medianoche. Eran las once y cuarto cuando...
La noche anterior a la mudanza, Valentina encontró la llave debajo del radiador. Era pequeña, de...
Encontró la llave la noche que vació el último cajón. Estaba en el bolsillo interior del tapado...
Encontró la llave en el último cajón, envuelta en un trozo de género azul como si alguien la...
El lavadero automático huele a jabón viejo y a algo que no tiene nombre cuando ella entra a medianoche con la bolsa de ropa. Hay una sola máquina ocupada, girando despacio. El hombre sentado junto a ella —mayor, con un piloto mojado sobre las rodillas— no levanta la vista del piso.
Ella carga la suya, mete las monedas, apoya la frente un momento contra el vidrio frío antes de alejarse. Se sienta en el banco de plástico naranja, del lado opuesto. Saca el teléfono pero no lo desbloquea. Afuera, la lluvia empieza a caer sin apuro sobre los adoquines, y la luz amarilla del farol de la esquina tiembla un poco.
La máquina del hombre termina primero. Él abre la puerta y saca la ropa, prenda por prenda, con una calma que parece aprendida de memoria. Cuando dobla la última camisa —una camisa celeste, desgastada en los codos— algo cae al piso sin hacer ruido. Una llave.
Él no la ve. Levanta la bolsa con los dos brazos y empuja la puerta de vidrio. La lluvia lo recibe afuera. La puerta se cierra sola, lentamente.
Ella espera. Después se agacha y la recoge. Es una llave plateada, pequeña, sin llavero ni marca visible. Podría ser de un buzón, de un cajón, de una caja de cosas que ya no le importan a nadie.
Va hasta la vereda y mira hacia los dos lados. La calle está vacía. El hombre se perdió en algún recodo del barrio mojado.
De vuelta adentro, su máquina gira y gira. Ella se sienta con la llave en la palma abierta, mirando cómo la ropa húmeda da vueltas detrás del vidrio, como si buscara una salida que ya sabe que no existe.
Al rato, sin saber bien por qué, guarda la llave en el bolsillo de su campera. No como quien roba. Como quien guarda algo que todavía no sabe que perdió.
Tal vez mañana la deja en el mostrador.
O tal vez no.
#microrrelato #cuentobreve #ficcion #escribirdenoche