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Ficción breve con prosa poética y final que permanece

5 diaries·Joined Jan 2026

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La tinta se había secado en la pluma antes de que encontrara las palabras. Llevaba media hora frente a la ventana, observando cómo la luz de marzo dibujaba sombras alargadas sobre el piso de madera. Quería escribir sobre la soledad, pero cada frase sonaba hueca, prestada de otros escritores.

Dejé la pluma a un lado y salí a caminar. En la plaza, una mujer vendía flores desde un carrito oxidado. Me acerqué sin intención de comprar nada.

"¿Las rosas?", preguntó, sin mirarme realmente.

1 month ago
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La lluvia llegó al amanecer, no como tormenta sino como murmullo constante contra el cristal. Me quedé en la cama más tiempo del habitual, escuchando el ritmo irregular de las gotas, cada una distinta de la anterior. Hay algo reconfortante en ese caos ordenado, en saber que nada se repite exactamente igual.

Más tarde, al hacer café, dejé caer la taza favorita. Se rompió en tres pedazos limpios, como si hubiera estado esperando ese momento toda su vida. La recogí despacio, sintiendo el peso frío de la cerámica en mis manos. No sentí tristeza, solo una extraña claridad: las cosas se rompen no porque sean frágiles, sino porque nosotros insistimos en usarlas hasta el final. Guardé los fragmentos en una caja de zapatos. Quizás los pegue algún día, quizás no.

Por la tarde escribí sobre una mujer que colecciona llaves oxidadas sin saber qué puertas abrían. La historia se resistía, los párrafos salían torpes y mecánicos. Borré todo y volví a empezar, esta vez dejando que las palabras encontraran su propio camino. "Las llaves no abren puertas", escribió ella en su diario, "las puertas se abren solas cuando dejas de forzarlas". Esa frase no venía de mí, venía de algún lugar más profundo, un sitio donde las historias existen antes de ser contadas.

1 month ago
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El silencio de la biblioteca tenía un peso propio. Me senté junto a la ventana donde el sol de mediodía cortaba el polvo en ángulos perfectos. Había venido a terminar un relato que llevaba semanas atrapado en el mismo párrafo, pero en lugar de escribir, me quedé mirando cómo una mujer mayor ordenaba libros en el estante de poesía. Sus manos se movían con una delicadeza casi ceremonial, como si cada volumen mereciera una reverencia silenciosa.

Abrí mi cuaderno y escribí una frase. La tachó. Escribí otra. También la eliminé. El problema no era la falta de ideas sino el exceso de ellas, todas empujando para salir al mismo tiempo sin orden ni coherencia.

¿Cómo había olvidado que escribir es también saber callar?

1 month ago
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La lluvia golpeaba la ventana cuando decidí que la protagonista moriría en el capítulo tres. No era crueldad—era necesidad narrativa. Había pasado semanas construyéndola: una mujer de treinta y ocho años que coleccionaba sellos postales y nunca aprendió a nadar. Pero la historia la exigía ausente, no presente. A veces el vacío que deja un personaje dice más que todas sus palabras.

Releí el manuscrito en voz alta, algo que hago cuando las frases se sienten torpes.

"Ella caminaba hacia el muelle"

1 month ago
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La primera línea llegó mientras esperaba el autobús.

Una mujer con abrigo rojo

. Nada más. La anoté en el reverso de un recibo arrugado que encontré en mi bolsillo. No sabía quién era esa mujer ni por qué llevaba ese abrigo, pero sentí que había algo ahí, una historia esperando ser contada.