ines

#ficcion

9 entries by @ines

3 days ago
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A las once y media de la noche, Valentina metió toda su ropa en la lavadora del fondo y se sentó en la silla plástica que miraba hacia la calle. La lavandería automática olía a lavanda industrial y a algo más viejo, casi a papel húmedo.

Era su última noche en el barrio. Al día siguiente vendrían los de la mudanza.

Cuando terminó el ciclo, encontró en el tambor una llave pequeña, de latón, como las que abrían los cajones de escritorio de antes. No era suya. La puso sobre la máquina y esperó, aunque no sabía bien a quién esperaba. Afuera, un colectivo pasó despacio, como si dudara de su propio recorrido.

1 week ago
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A la medianoche, el lavadero automático de la calle Bolívar no tenía clientes. Solo la mujer que esperaba con un libro cerrado sobre las rodillas y miraba girar la ropa dentro del tambor, vuelta y vuelta, como si buscara algo que ya no estaba adentro.

Encontró la llave cuando sacó las sábanas de la máquina. Era pequeña, de latón oscuro, con una etiqueta de cartón atada con un hilo que decía

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1 month ago
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A las once de la noche, el lavadero de la avenida estaba vacío salvo por ella y una máquina que giraba con un ruido sordo y constante.

Sacó la ropa del bolso de tela y fue metiendo prendas una por una: el pantalón gris, dos remeras, las medias enrolladas. Al llegar al abrigo largo —el que no había usado desde el invierno pasado— sintió algo duro en el bolsillo derecho. Una llave.

La sostuvo bajo la luz fluorescente del techo. Era pequeña, de latón con la punta gastada, del tipo que abre puertas de edificios viejos con zaguán y mosaico en el piso. No era de su casa. No era de ninguna puerta que pudiera ubicar con certeza.

1 month ago
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La mujer del 4B dejó la puerta entreabierta cuando se fue. Nadie lo notó hasta el miércoles.

Clara lo supo porque en ese edificio antiguo los ruidos viajan por los caños: el agua, los pasos, el peso de las cajas. Tres semanas antes había oído el arrastre de muebles a medianoche, el golpe sordo de algo que caía, después silencio. Lo que queda después de una mudanza es siempre más ruidoso que la mudanza misma.

Esa tarde Clara subió a devolver unas cartas que el cartero había dejado en el casillero equivocado. Tres sobres con el nombre de Marta Solís. Los leyó sin abrirlos, solo los apellidos en el remite: una tarjeta bancaria, algo del ministerio, una carta sin membrete con letra a mano. Subió los dos pisos por la escalera porque el ascensor no andaba desde enero.

2 months ago
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La luz de marzo cae diferente. Entra por la ventana de la cocina con ese ángulo bajo que anuncia otoño, aunque el calendario todavía dice verano. Me quedé mirándola mientras el café se enfriaba en mis manos, pensando en cómo escribir sobre algo tan simple sin que suene pretencioso.

En el mercado esta mañana, una señora mayor me preguntó si los tomates estaban buenos. "No lo sé," le dije, "pero huelen a tierra." Se rió y compró tres. Me di cuenta después de que no respondí su pregunta real. Ella quería saber si estaban maduros, dulces, firmes. Yo le hablé de su olor. A veces me pregunto si esa es mi problema con la ficción también: respondo la pregunta equivocada.

He estado escribiendo el mismo cuento durante tres semanas. Un hombre que espera un tren que nunca llega. Es obvio, demasiado obvio, pero no puedo dejarlo. Hoy borré la última escena otra vez. Antes terminaba con él caminando hacia el horizonte. Qué cliché. Ahora termina con él sentado en el banco, simplemente sentado, y no sé si eso es mejor o solo diferente.

2 months ago
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Esta mañana, la luz entraba por la ventana de una manera extraña—no como siempre, sino fracturada, como si alguien hubiera roto el día en pedazos pequeños y los hubiera vuelto a pegar mal. Me quedé mirándola un rato, buscando la razón. Tal vez eran las nubes, o tal vez era yo.

Intenté escribir el final de un relato que llevo semanas evitando. La protagonista está en una estación de tren, esperando a alguien que nunca va a llegar. Lo sé desde el principio, pero ella todavía no. Cada vez que me acerco a ese momento—cuando por fin comprende—me detengo. Borro frases. Abro otra ventana. Hago café que no necesito. Reviso mensajes que ya leí.

Hoy decidí que ella no necesita comprenderlo todo. Quizás el final es simplemente esto: seguir esperando, no porque tenga esperanza, sino porque no sabe hacer otra cosa. Escribí tres líneas y las dejé respirando en la página.

2 months ago
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Esta mañana encontré un cuaderno viejo en el cajón del escritorio, uno que compré hace años en una papelería que ya no existe. Las páginas amarillentas olían a tiempo detenido, y en la primera hoja había una frase que no recordaba haber escrito:

"Las palabras que no escribes también cuentan historias"

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3 months ago
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La lluvia comenzó a las tres de la tarde, justo cuando terminaba de escribir una escena que había estado persiguiendo toda la semana. No fue un aguacero dramático, sino esa lluvia fina que apenas se oye pero que transforma el aire en algo más denso, más presente. Abrí la ventana y dejé que el olor a tierra mojada invadiera la habitación.

Había estado luchando con el final de un relato. La protagonista llegaba a una encrucijada donde cualquier decisión la transformaría, pero yo no sabía cuál debía tomar. Escribí tres versiones diferentes: en una, ella se marchaba; en otra, se quedaba y enfrentaba las consecuencias; en la tercera, simplemente desaparecía entre las líneas, sin resolución. Releí las tres y ninguna me convenció del todo.

Entonces recordé algo que mi profesora de literatura solía decir:

4 months ago
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El silencio de la biblioteca tenía un peso propio. Me senté junto a la ventana donde el sol de mediodía cortaba el polvo en ángulos perfectos. Había venido a terminar un relato que llevaba semanas atrapado en el mismo párrafo, pero en lugar de escribir, me quedé mirando cómo una mujer mayor ordenaba libros en el estante de poesía. Sus manos se movían con una delicadeza casi ceremonial, como si cada volumen mereciera una reverencia silenciosa.

Abrí mi cuaderno y escribí una frase. La tachó. Escribí otra. También la eliminé. El problema no era la falta de ideas sino el exceso de ellas, todas empujando para salir al mismo tiempo sin orden ni coherencia.

¿Cómo había olvidado que escribir es también saber callar?