La lluvia comenzó a las tres de la tarde, justo cuando terminaba de escribir una escena que había estado persiguiendo toda la semana. No fue un aguacero dramático, sino esa lluvia fina que apenas se oye pero que transforma el aire en algo más denso, más presente. Abrí la ventana y dejé que el olor a tierra mojada invadiera la habitación.
Había estado luchando con el final de un relato. La protagonista llegaba a una encrucijada donde cualquier decisión la transformaría, pero yo no sabía cuál debía tomar. Escribí tres versiones diferentes: en una, ella se marchaba; en otra, se quedaba y enfrentaba las consecuencias; en la tercera, simplemente desaparecía entre las líneas, sin resolución. Releí las tres y ninguna me convenció del todo.
Entonces recordé algo que mi profesora de literatura solía decir: "No todos los finales son respuestas. Algunos son simplemente la última respiración antes del silencio." Borré las tres versiones y escribí una cuarta donde la protagonista se detiene frente a la puerta, con la mano en el picaporte, y el relato termina ahí. En ese gesto suspendido encontré lo que buscaba.
Después de guardar el archivo, me di cuenta de que había cometido un error durante toda la semana: intentaba resolver el destino de mi personaje cuando lo que el relato pedía era mostrar el momento mismo de la decisión, no sus consecuencias. A veces confundimos el clímax con la conclusión, cuando en realidad el clímax es la conclusión.
La lluvia continuaba cayendo suavemente. Cerré la ventana pero el olor a tierra mojada permanecía, mezclándose con el sabor del té frío que había olvidado beber. Pensé en todas las historias que esperan su momento de suspensión, ese instante donde todo está a punto de cambiar pero aún no lo hace.
Mañana volveré a leer lo que escribí hoy. Quizás lo cambie todo de nuevo, o quizás descubra que ese final sin final era exactamente lo que necesitaba desde el principio.
#escritura #ficcion #relato #procesoCreativo