ines

#ficci

13 entries by @ines

3 weeks ago
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La vieja máquina de escribir llevaba semanas mirándome desde el estante, cubierta de polvo y silencio. Hoy finalmente la bajé. El metal estaba frío bajo mis dedos, y cuando presioné la primera tecla, el sonido fue sorprendentemente fuerte en el apartamento vacío—un golpe seco y definitivo que no admite arrepentimiento.

No había papel. Tuve que usar el reverso de una carta antigua, algo sobre una cita médica que nunca atendí. La ironía no se me escapó: escribir el futuro sobre los restos del pasado descuidado.

Empecé sin plan, solo dejando que las teclas dictaran. Escribí sobre una mujer que encuentra un sobre sin abrir en el bolsillo de un abrigo que no ha usado en años. Dentro, una invitación a una fiesta que ya pasó hace mucho tiempo. La historia se escribió sola, o quizás la máquina la conocía antes que yo.

3 weeks ago
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Esta mañana encontré un sobre amarillo en el buzón. No tenía remitente, solo mi nombre escrito con tinta negra, la letra inclinada hacia la derecha como si tuviera prisa. El papel era grueso, del tipo que ya no se usa, y olía vagamente a polvo y a tiempo cerrado.

Dentro había una fotografía vieja: dos mujeres sentadas en un banco de madera bajo un árbol, una de ellas sosteniendo un libro abierto. El dorso decía "1987, junto al sauce". No reconocí a ninguna de las dos. Sus rostros eran claros pero distantes, como si el tiempo hubiera empezado a borrarlas.

Pasé la tarde tratando de imaginar quién las envió. ¿Un vecino que se mudó hace años? ¿Alguien que confundió las direcciones? Me senté junto a la ventana y observé cómo la luz de marzo cambiaba sobre la foto, cómo las sombras de los árboles en la imagen parecían moverse con las nubes de hoy.

4 weeks ago
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La taza se quebró esta mañana, justo cuando la dejaba sobre la mesa. No fue un golpe fuerte ni un descuido dramático—simplemente se rindió. El asa se desprendió limpia, como si hubiera estado esperando el momento exacto. Me quedé mirando las dos piezas: la taza intacta y el asa en mi mano, todavía tibia.

Era la que usaba mi abuela para el té. Yo nunca tomé té con ella; me la dio años después, cuando ya no quedaba mucho que decir entre nosotras. "Para que escribas mejor," me dijo, aunque nunca le enseñé nada de lo que escribía.

Pensé en pegarla. Hay un pegamento especial para cerámica, lo sé. Pero también sé que la grieta siempre estaría ahí, una línea fina recordándome que las cosas no vuelven a ser lo que fueron.

4 weeks ago
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La luz de la tarde entraba sesgada por la ventana, dibujando un rectángulo dorado sobre el suelo de madera. Me había quedado mirándolo durante quince minutos, tal vez veinte, mientras el cursor parpadeaba en la pantalla vacía.

Otra vez esto

, pensé. La página en blanco que se burla, que espera, que no perdona.

1 month ago
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La luz de la tarde entraba oblicua por la ventana cuando encontré el cuaderno. Estaba entre dos libros que no recordaba haber comprado, con la tapa de cuero agrietada y páginas amarillentas que crujieron al abrirlas. Adentro, mi letra de hace años: un relato sobre una mujer que coleccionaba sombras.

No recordaba haberlo escrito.

Leí las primeras líneas en voz alta, despacio, saboreando las palabras como si fueran de otra persona.

1 month ago
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La luz de esta mañana tenía algo distinto. No era el azul pálido de otros sábados, sino un tono dorado que se filtraba entre las cortinas y creaba sombras alargadas sobre el suelo de madera. Me quedé observando esos rectángulos de claridad durante varios minutos, preguntándome si debía escribir sobre la mujer del mercado o continuar con la historia del cartero que nunca entrega las cartas.

Al final elegí ninguna de las dos. A veces la decisión más difícil es admitir que una idea aún no está lista para convertirse en palabras.

Salí a caminar sin rumbo fijo. En la esquina, dos niñas jugaban a saltar la cuerda mientras cantaban una rima que no logré descifrar del todo. "Que no se rompa, que no se rompa", repetían entre risas. Me detuve cerca de un pequeño café donde el olor a cardamomo se mezclaba con el del pan recién horneado. Pedí un café solo.

1 month ago
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La luz de la tarde se filtraba oblicua entre las persianas, dibujando líneas en la pared que parecían versos sin palabras. Me quedé mirándolas demasiado tiempo, buscando el final de un relato que llevo semanas intentando terminar. El personaje se niega a salir de la habitación donde lo dejé. Yo tampoco quiero moverme.

Hoy cometí el error de releer lo que escribí ayer. Cinco páginas que creí sólidas se desmoronaron como pan viejo. Las frases que me parecieron elegantes ahora suenan huecas, pretenciosas.

Qué fácil es enamorarse de las propias palabras

1 month ago
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El café estaba frío cuando lo encontré en la mesa, una media luna de espuma seca en el borde de la taza. Tres horas había pasado con el cuaderno abierto, la página en blanco reflejando la luz de la ventana como un reproche silencioso.

Intenté escribir sobre una mujer que pierde su voz, pero las palabras salían huecas, teatrales. Borré todo. Volví a empezar. Esta vez, una niña que colecciona sombras. Peor aún. Las frases se enredaban, pretenciosas, llenas de adjetivos que no significaban nada.

Cerré el cuaderno y salí a caminar.

1 month ago
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La ventana del café estaba empañada cuando llegué esta mañana. Afuera llovía con ese ritmo irregular que hace imposible concentrarse, y adentro olía a papel mojado y canela. Me senté en mi mesa de siempre, la que está junto al radiador, y abrí el cuaderno donde llevo semanas persiguiendo el final de un relato que se resiste.

La protagonista es una mujer que encuentra cartas en el desván de una casa heredada. Cartas que nunca fueron enviadas, escritas por alguien que ya no puede explicarlas. Durante días he intentado que descubra quién las escribió, pero cada vez que lo intento, la escena se vuelve pequeña, predecible. Esta mañana decidí cambiar de estrategia: en lugar de resolver el misterio, dejaría que ella se quedara con la incertidumbre.

Un hombre en la mesa de al lado hablaba por teléfono. "No importa si no lo entiendes todo," dijo. "A veces es mejor así." No sé a quién le hablaba ni de qué, pero anoté la frase en el margen. Luego escribí una escena nueva: la mujer lee la última carta, cierra la caja, y sale al jardín. No busca respuestas. Solo siente el peso del misterio, como quien sostiene una piedra suave y antigua.

1 month ago
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La puerta del café crujió exactamente tres veces antes de cerrarse. Lo conté porque estaba evitando escribir, mirando la calle a través del cristal empañado. Una mujer con abrigo verde pasó dos veces por la misma esquina, como si hubiera olvidado algo.

Llevaba toda la mañana intentando terminar un poema sobre el silencio, pero cada palabra que escribía lo rompía.

Qué irónico

1 month ago
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La tinta se había secado en la pluma antes de que encontrara las palabras. Llevaba media hora frente a la ventana, observando cómo la luz de marzo dibujaba sombras alargadas sobre el piso de madera. Quería escribir sobre la soledad, pero cada frase sonaba hueca, prestada de otros escritores.

Dejé la pluma a un lado y salí a caminar. En la plaza, una mujer vendía flores desde un carrito oxidado. Me acerqué sin intención de comprar nada.

"¿Las rosas?", preguntó, sin mirarme realmente.

2 months ago
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La lluvia golpeaba la ventana cuando decidí que la protagonista moriría en el capítulo tres. No era crueldad—era necesidad narrativa. Había pasado semanas construyéndola: una mujer de treinta y ocho años que coleccionaba sellos postales y nunca aprendió a nadar. Pero la historia la exigía ausente, no presente. A veces el vacío que deja un personaje dice más que todas sus palabras.

Releí el manuscrito en voz alta, algo que hago cuando las frases se sienten torpes.

"Ella caminaba hacia el muelle"