La habitación ya no tiene eco. Sofía lo nota cuando arrastra la última caja hacia la puerta y el...
Private by default — share only the days you choose.
No comments yet. Be the first to comment!
Sign in to leave a comment.
La habitación ya no tiene eco. Sofía lo nota cuando arrastra la última caja hacia la puerta y el...
La lavandera automática de la calle Necochea cerraba a medianoche. Eran las once y cuarto cuando...
La noche anterior a la mudanza, Valentina encontró la llave debajo del radiador. Era pequeña, de...
Encontró la llave la noche que vació el último cajón. Estaba en el bolsillo interior del tapado...
Encontró la llave en el último cajón, envuelta en un trozo de género azul como si alguien la...
La puerta del café crujió exactamente tres veces antes de cerrarse. Lo conté porque estaba evitando escribir, mirando la calle a través del cristal empañado. Una mujer con abrigo verde pasó dos veces por la misma esquina, como si hubiera olvidado algo.
Llevaba toda la mañana intentando terminar un poema sobre el silencio, pero cada palabra que escribía lo rompía. Qué irónico, pensé, usar el ruido para describir la ausencia de él. Taché tres estrofas completas. La página quedó marcada con líneas negras que parecían barrotes.
El camarero dejó mi segundo café sin preguntar. Ya me conoce. Siempre pido dos, siempre dejo el segundo enfriarse mientras escribo. Hoy probé algo diferente: bebí el segundo mientras aún estaba caliente. Pequeña rebeldía contra mis propios rituales.
"¿Escribes algo bueno?" me preguntó una voz desde la mesa de al lado. Un hombre mayor con periódico abierto. Le sonreí sin responder, porque la verdad es que no sabía. ¿Cómo se mide lo bueno cuando estás en medio de crearlo?
Entonces lo vi: la mujer del abrigo verde había vuelto por tercera vez. Se detuvo en la esquina, sacó un papel del bolsillo, lo miró, y finalmente entró a la floristería. No había olvidado nada. Estaba reuniendo coraje.
Guardé mi libreta sin terminar el poema sobre el silencio. A veces la vida te muestra lo que intentabas decir. A veces el coraje es dar tres vueltas a la manzana antes de entrar. A veces escribir es saber cuándo dejar que las palabras descansen, como un segundo café que se enfría, esperando el momento exacto.
La puerta crujió cuatro veces al salir. Tal vez la había contado mal desde el principio.
#escritura #ficción #momentos #observación