Esta mañana me desperté con el sonido de las palomas en el alféizar. Al principio me molestó, pero luego me quedé quieta, escuchando el ritmo irregular de sus arrullos. Me di cuenta de que llevaba días queriendo silencio perfecto para meditar, cuando tal vez lo que necesitaba era simplemente estar con el ruido.
Preparé café y me senté junto a la ventana. La luz entraba sesgada, creando pequeñas geometrías en el suelo. Pensé en cómo pasamos tanto tiempo buscando las condiciones ideales para estar presentes, cuando la presencia misma no necesita condiciones. Es como esperar el momento perfecto para empezar a vivir.
Cometí un error tonto mientras leía: subrayé un párrafo entero en un libro que pedí prestado. Al darme cuenta, sentí ese pinchazo de vergüenza, pero también algo más suave. Me pregunté: ¿cuántas veces marco cosas en mi propia vida sin darme cuenta? ¿Qué subrayamos sin querer en los demás?
Por la tarde intenté un experimento pequeño. Durante cinco minutos, cada vez que notaba un pensamiento, lo imaginaba como una nube pasando. No juzgarlo, no seguirlo, solo verlo pasar. Algunos pensamientos eran nubes ligeras, otros tormentas completas. Descubrí que los pensamientos sobre el futuro eran siempre más oscuros que los del presente.
"La mente es como el agua. Cuando está tranquila, todo se refleja. Cuando está agitada, nada es claro."
Tal vez esta semana puedas intentar esto: cuando notes que tu mente está acelerada, pregúntate suavemente: ¿qué está pasando ahora mismo? No la semana que viene, no hace una hora. Solo ahora. A veces la respuesta es sorprendentemente simple.
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