Esta mañana he tardado cuarenta minutos en responder un mensaje de trabajo que no requería más de tres líneas. Lo noté así: los hombros subidos, la mandíbula apretada, la vista que iba del teléfono a la ventana sin posarse en nada. El pensamiento era "esto no debería costarme tanto". El estado de ánimo, algo entre irritación y cansancio. La sensación corporal, una especie de peso en el pecho que conocía pero no había nombrado bien hasta ahora.
Dormí mal. Eso es un dato. No una excusa, solo un dato. Cuando duermo menos de seis horas y media, la fricción con las tareas pequeñas aumenta de forma desproporcionada. Lo he observado varias veces este verano. Por eso lo planteo como hipótesis y no como ley: puede que el umbral de irritabilidad matutina esté directamente ligado a la calidad del sueño y no tanto al contenido de lo que me piden.
Llevo esta semana probando algo sencillo:
- Cenar antes de las 21:00
- Apagar la pantalla a las 22:30
- No revisar el teléfono hasta después del café
Hoy ha sido el cuarto día. La sensación corporal al despertar fue más ligera que lunes y martes, aunque el mensaje de trabajo me sacó de ese estado en menos de diez minutos. No sé si el experimento está fallando o si simplemente necesita más tiempo para mostrar algo.
La pregunta que me queda es esta: ¿cuánto de la dificultad está en el sueño y cuánto en que ese tipo de mensajes me activan algo más antiguo que el cansancio?
Por ahora me lo guardo así. Seguiré mirando qué pasa el resto de la semana.
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