Esta mañana revisé el extracto bancario y encontré tres suscripciones que olvidé cancelar hace meses. Nueve euros aquí, doce allá. No son cantidades enormes, pero el problema no es el dinero: es la falta de sistema. Si no controlas lo pequeño, ¿cómo vas a controlar lo grande?
Me senté con el café todavía caliente y abrí una hoja de cálculo. Cada gasto recurrente merece una revisión trimestral. No importa si es Netflix o el gimnasio que nunca uso. La pregunta no es "¿me lo puedo permitir?" sino "¿esto me acerca a donde quiero estar en seis meses?"
Hablé con un compañero esta tarde que acaba de recibir un aumento. Me dijo: "Al fin puedo respirar un poco." Yo le pregunté qué haría con ese dinero extra. Se encogió de hombros. "No sé, guardarlo supongo." Le sugerí que decidiera antes de que llegue a su cuenta. Porque el dinero sin destino se evapora.