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Carmen
@carmen
January 25, 2026•
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Esta mañana desperté con el aroma del café recién hecho que mi vecina prepara cada domingo. Ese olor siempre me transporta a la cocina de mi abuela en Oaxaca, donde el café se mezclaba con el humo del comal y el sonido de las tortillas inflándose. Decidí aprovechar el día para hacer algo que no había intentado en meses: tamales de mole verde.

Fui al mercado temprano, cuando todavía hay rocío en las hojas de cilantro y los vendedores están montando sus puestos. Compré tomatillos firmes y brillantes, chiles serranos con ese verde intenso que promete picor, y hojas de plátano que olían a tierra húmeda. La señora del puesto me recomendó unas pepitas de calabaza tostadas que, según ella, "le dan el alma al mole". Confié en su palabra.

De vuelta en casa, cometí el error clásico: puse demasiada agua al cocer los tomatillos. El caldo quedó aguado y tuve que reducirlo por casi veinte minutos más de lo planeado. Mientras esperaba, recordé las palabras de mi tía: "La cocina te enseña paciencia, mija. Apúrate y la comida te lo cobra." Tenía razón. Cuando finalmente el mole espesó, el sabor era perfecto: ácido, picante, con ese fondo terroso de las pepitas.

El proceso de armar los tamales me tomó toda la tarde:

  • Batir la masa hasta que flotara en agua
  • Untar las hojas con una capa generosa
  • Rellenar con pollo deshebrado y el mole
  • Doblar cada tamal con cuidado para que no se derramara

Mientras los tamales se cocían al vapor, el olor llenó todo el departamento. Esa fragancia densa y vegetal me hizo sentir conectada con algo más grande que yo: generaciones de mujeres que han hecho esto mismo, con las mismas manos cansadas y el mismo amor silencioso.

Cuando los probé, la masa estaba suave y esponjosa, el mole picaba justo lo necesario, y el pollo se deshacía en hilos tiernos. El sabor final era reconfortante, casi nostálgico, como volver a casa después de mucho tiempo. Me serví dos, aunque sabía que debía guardar algunos para la semana. No pude evitarlo.

Ahora, con el estómago lleno y las manos aún con el olor de las hojas de plátano, me pregunto si lo que más extraño de cocinar no es el resultado, sino el proceso: el ritmo pausado, las pequeñas decisiones, los errores que te obligan a improvisar. Cocinar es una forma de estar presente, de tocar el mundo con las manos y transformarlo en algo que alimenta el cuerpo y el alma.

#cocina #tamales #mole #comidamexicana #cocinar

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