Esta mañana, preparando un vaso con agua fría antes del desayuno, tiré tres cubitos del congelador directamente al vaso. Casi inmediatamente escuché un chasquido seco — no uno, sino varios, en cadena — y vi cómo uno de los cubitos se partía por la mitad.
La pregunta se formuló sola: ¿por qué se agrietan los cubitos de hielo cuando los metes en algo más caliente?
Lo que se observa es esto: el cubito sale del congelador a unos −18 °C. El agua del vaso está a temperatura ambiente, quizás 22 °C. La diferencia es de unos 40 grados. La superficie exterior del cubito entra en contacto con el agua y se calienta muy rápido — el agua conduce el calor mucho mejor que el aire, del orden de veinte veces mejor según cualquier manual de termodinámica básica. El interior del cubito, en cambio, sigue frío.
El hielo se dilata al calentarse, como casi todos los materiales. Su coeficiente de expansión térmica es aproximadamente 5 × 10⁻⁵ por grado Celsius. Cuarenta grados de diferencia implican una expansión diferencial del orden del 0,2 % entre la capa exterior y el núcleo. Parece poco, pero el hielo es rígido y quebradizo: no puede deformarse plásticamente para absorber esa tensión. En un material dúctil — un trozo de cobre, por ejemplo — esa diferencia se relajaría sin drama. En hielo, se acumula hasta que supera la resistencia a la tracción del material, y entonces: chasquido.
Lo que supongo, pero no me atrevo a afirmar con seguridad, es que la forma del cubito importa. Un cubito con fisuras previas — de una bandeja mal llenada, con burbujas de aire atrapadas — debería agrietarse antes, porque las fisuras actúan como concentradores de tensión. Tendría que comprobarlo de manera controlada, cosa que evidentemente no voy a hacer un jueves por la mañana.
Lo que sí puedo decir con cuidado es que el mecanismo es idéntico al que hace estallar los vasos de vidrio cuando se vierte agua hirviendo sin calentarlos antes: choque térmico, tensión mecánica, rotura. La diferencia es de escala y de material, no de principio. Sabérselo no evita el susto, pero al menos le da nombre.
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