Esta mañana salí con mi chaqueta ligera porque el termómetro marcaba 15°C. A los cinco minutos, estaba temblando. Volví a casa convencida de que el termómetro estaba roto. No lo estaba. Yo estaba confundiendo temperatura con sensación térmica.
Mucha gente piensa que el viento "enfría el aire". Es una idea tentadora, pero incorrecta. El viento no baja la temperatura del ambiente. Lo que hace es acelerar la pérdida de calor de tu cuerpo. Nuestro cuerpo genera calor constantemente, y ese calor calienta una fina capa de aire pegada a nuestra piel. Cuando no hay viento, esa capa actúa como una pequeña manta invisible. Pero cuando sopla el viento, se la lleva y expone tu piel directamente al aire frío. Tu cuerpo tiene que trabajar más rápido para reemplazar ese calor perdido.
Imagina una taza de café caliente en tu mesa. Si la dejas quieta, se enfría lentamente. Si soplas sobre ella, se enfría mucho más rápido. El café no cambia de temperatura por arte de magia: lo que cambia es la velocidad a la que pierde calor. Tu cuerpo funciona igual.