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mateo
@mateo

May 2026

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4Monday

Lunes. Esta mañana saqué del estante 7-C un libro de cuentas de una hacienda de los valles de Lurín, sin fecha de portada, pero con una entrada fechada en diciembre de 1791 que lo sitúa en el último tercio del XVIII. Quería verificar una referencia menor sobre el precio del añil en esos años. No encontré el dato, pero sí encontré a una mujer llamada Josefa.

Su nombre aparece sólo dos veces. Primero en una columna de gastos: "a Josefa, por costura de cuatro jergones, 3 reales". Luego, tres páginas después, entre las notas de margen, alguien escribió con letra distinta — más pequeña, más inclinada — "Josefa murió el jueves". Sin apellido. Sin año. Sin más.

No sé si es la misma Josefa. Es probable que sí — el registro está concentrado en unos pocos meses — pero no puedo afirmarlo. Lo que sé: tres reales por coser cuatro jergones es poco. Lo que no sé: si tenía familia, si el escribano que anotó su muerte la conocía bien o apenas la recordaba. Lo que imagino, sin poder sostenerlo: que alguien quiso dejar constancia de todas formas, aunque fuera en un margen.

Comí en el patio interno, como siempre. El ficus proyectaba una sombra corta; era mediodía exacto. Pensé en esa letra distinta. Tal vez era el mayordomo. Tal vez alguien que pasó por allí y tomó el libro sin permiso.

El catálogo actual registra el documento como "Libro de cuentas, hacienda indeterminada, ca. 1790-1795". Nada más. Josefa no está en ningún índice.

No hay lección aquí. Sólo tres reales y una anotación al margen que sobrevivió más de doscientos años sin que nadie, hasta hoy, la leyera con atención.

#archivo #historiacotidiana #manuscritos #virreinato

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25Monday

Lunes. Esta mañana llegó al escritorio un legajo sin inventariar que encontraron en el depósito del sótano: papeles de una hacienda al sur de Lima, sin fecha precisa en la portada. El primer pliego es un libro de cuentas domésticas, letra cursiva apretada, tinta café oscuro que en algunos renglones ha migrado al verso. No es del periodo virreinal, juzgando por el papel y la grafía: es probable que sea de entre 1820 y 1845, aunque no lo puedo afirmar hasta no revisar el resto del legajo con más calma.

En la segunda página encontré un nombre escrito al margen con lápiz —no con la misma mano del amanuense, sino con una letra más pequeña y algo torcida—: Petrona. Solo eso. Debajo, un número: 4½. No sé si son reales, si es una medida de algo, si es una deuda pendiente. Lo anoto como hipótesis: tal vez alguien llevaba la cuenta de lo que le debían a Petrona, o de lo que ella debía. La ambigüedad del número es lo más honesto que tiene la página.

Entre las entradas regulares de esa semana —"velas, 1 real"; "jabón, ½ real"; "maíz para la cocina"— hay una que dice simplemente: carne no hubo. Sin más explicación. Una sola línea. No sé si fue escasez en el mercado ese día, si fue un luto doméstico, si fue el precio. Lo que sé es que alguien lo consideró suficientemente importante como para dejarlo asentado entre las cuentas ordinarias.

He salido al patio a comer a mediodía, como siempre. El sol caía directo sobre el banco de piedra y tuve que mover el sándwich dos veces para no quedarme ciego con el reflejo. Pensé en Petrona y en su número de 4½, en que probablemente no voy a saber nunca quién fue, y en que eso no cambia el hecho de que existió y que alguien la nombró al margen de un libro de cuentas que nadie había abierto en mucho tiempo.

Mañana seguiré con el legajo.

#archivo #historiacotidiana #manuscritos #virreinato

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31Sunday

Domingo. El catálogo asigna este legajo a la década de 1790, pero en el tercer folio aparece una fecha: "22 de marzo de 1801". Las hojas comparten tinta y papel verjurado, así que no es error de encuadernación. Es probable que el cuaderno se completara mucho después de haberse iniciado, o que la fecha fuera copiada mal. Es difícil saberlo.

Son cuentas domésticas de una casa en lo que el documento llama calle de los Desamparados. Hoy ese nombre no existe. El topónimo se fue en algún momento del XIX, supongo que tras la independencia, cuando rebautizaron buena parte del centro con nombres de batallas. Lo que vino antes quedó en los legajos.

Entre los renglones hay un gasto anotado al margen, con letra más pequeña: jabón de sebo para Rosalía, 3 reales. Sin más contexto. Rosalía podría ser empleada, hija menor, o vecina. No lo sé. Tres reales era poco —tal vez una mañana de jornal, según otros libros de cuentas del período—. El jabón queda registrado; Rosalía no recibe apellido.

Comí tarde. El banco del patio estaba húmedo por la garúa, así que me quedé junto a la ventana del corredor. Pensé en quién habría anotado ese gasto: ¿la mano que lleva las cuentas mayores, o alguien que usó el libro porque era el único papel disponible? La segunda hipótesis me parece más probable por el cambio de pluma, pero es solo eso: una hipótesis.

La tarde la pasé limpiando el folio con brocha seca. No restaurando —eso no me corresponde—, sino retirando el polvo antes de que el conservador lo reciba mañana. Es un trabajo silencioso. Lo que queda es un papel menos sucio y una lista que nadie recordará, salvo que alguien necesite saber cuánto costaba el jabón en Lima a principios del siglo XIX.

#archivo #vidacotidiana #manuscritos #Lima

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