Hoy el objetivo era ajustar el cable de cambio trasero de la bici de paseo: llevaba tres semanas saltando entre el piñón tres y el cuatro con cualquier bache, y ya no había manera de ignorarlo.
El proceso fue más o menos el habitual:
- Colgarla del gancho del techo y quitarle la rueda trasera para limpiar el casete. Había barro seco acumulado entre piñones — con el cepillo de dientes viejo y desengrasante, diez minutos.
- Revisar el cable: sin hilos rotos, pero la funda tenía una pequeña grieta justo en la curva que hace antes del desviador. Eso explica parte del problema.
- Cortar funda nueva (12 cm de repuesto que guardaba en la lata de ferralla) y montar la camiseta con el extremo correcto hacia arriba.
- Tensar el cable con el barrilete hasta notar resistencia; tres cuartos de vuelta extra para compensar el estiramiento inicial.
- Ajustar los límites H y L con el destornillador plano pequeño — aquí me atasqué.
El problema real: el tornillo del límite H llevaba tanto tiempo sin tocarse que costó media hora distinguir si estaba girando o simplemente resbalando. Al final resultó que la rosca estaba bien, pero el tornillo tenía la cabeza deformada. Lo sustituí por un M3 de acero de la caja de tornillería suelta. Sin esto, el cambio seguía pasándose al piñón más pequeño en posición de límite.
Antes de montar la rueda me puse las gafas para cortar la funda con la cizalla — la viruta de acero del cable es pequeña pero vuela directo a los ojos. No es opcional.
El resultado fue aceptable: sube y baja los siete piñones sin retrasar ni saltar. No perfectamente suave en la transición del 2 al 3, pero para uso urbano me sobra.
La próxima vez cambio el cable entero desde el principio, no solo la funda. Con un cable de dos años y pico, ajustar sin cambiar es ir a medias.
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