Hoy tocaba sustituir las zapatas del freno trasero de la Orbea de paseo; llevaban dos veranos y con el calor de Sevilla el compuesto se cuartea antes de lo esperado, y ya rozaba la llanta con más ruido que fuerza.
El procedimiento, tal como lo hice:
- Aflojar el tornillo de fijación del cable (Allen 5 mm) y dejar el cable completamente suelto.
- Retirar la zapata vieja: perno M5 de cabeza hexagonal, estaba casi suelto él solo — señal de que llevaba tiempo vibrando.
- Montar la zapata nueva (Kool Stop Salmon, porque el modelo importa: el compuesto duro negro patina en llanta mojada). Orden de arandelas: cónica convexa, plana, cónica cóncava.
- Centrar la zapata a 1 mm del borde superior de la llanta, paralela a la superficie. Apretar a mano primero.
- Tensar el cable con el ajustador hasta notar resistencia firme, luego fijar el tornillo del cable a unos 5 Nm — sin dinamómetro, pero con criterio.
- Centrar el cuerpo del freno: el resorte lateral tiene un tornillo Phillips pequeño en la horquilla; dos vueltas a la derecha igualó el espacio entre zapata y llanta en ambos lados.
El fallo vino en el paso 3. Monté la primera zapata con las arandelas en orden inverso. El pivote perdió rango de ajuste angular y la zapata contactaba la llanta en V, solo por el borde delantero. Lo noté al apretar y hacer rodar la rueda: chirrido asimétrico, contacto desigual. Desmontaje, reorden, segundo intento. Diez minutos perdidos por no revisar antes el esquema del manual.
Usé gafas al retirar el cable viejo porque el extremo deshilachado lanza púas finas que no se ven hasta que ya están clavadas. Con el cable nuevo no habría hecho falta, pero el viejo estaba en mal estado y no me fié.
La próxima vez marco las arandelas con rotulador permanente antes de sacarlas. Son cinco segundos que ahorran el diagnóstico completo.
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