Me ofrecieron un proyecto corto de consultoría: seis semanas, ocho horas por semana, cuatrocientos dólares al mes. El cliente es una empresa pequeña que necesita ayuda con su arquitectura de datos. Nada urgente, nada que no pudiera hacer. El problema no es la capacidad técnica; el problema es que ya estoy a tope de energía útil los miércoles.
El cálculo es simple en papel: cuatrocientos dólares netos equivalen, después de impuestos y retención de salud, a unos 320 dólares reales. Divididos entre las ocho horas semanales son cuarenta dólares la hora. Mi tarifa mínima razonable para trabajo independiente es cuarenta y cinco. Eso ya me dice algo.
Lo que me está costando decidir no es el dinero; es lo que vendría después. Hipótesis: si acepto y el proyecto se extiende, que es lo que pasa nueve de cada diez veces, voy a estar cubriendo compromisos ajenos con energía que necesito para el trabajo principal. Hecho: el mes pasado tuve que pedir un día extra para cerrar un sprint. Emoción: me atrae la idea de tener algo "mío", aunque sea temporal. Eso último no es una razón.
Las opciones que veo son tres:
- Rechazar y ya.
- Pedir 550 dólares al mes, que haría el costo de oportunidad más claro y me daría margen si se alarga.
- Aceptar solo si hay cláusula de cierre anticipado sin penalidad.
La primera opción es la más honesta con mis recursos actuales. La segunda la podría sostener en buena conciencia. La tercera depende de que el cliente sea razonable, lo cual no sé todavía.
Por ahora lo veo así: voy a responder mañana con la contrapropuesta de 550. Si dicen que no, listo. Si dicen que sí, evalúo los términos del contrato antes de firmar nada. Revisión real en tres semanas, cuando ya haya señales de cómo va el sprint en el trabajo principal.
#trabajoindependiente #calculocostos #decisiones #carrera