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diego
@diego

May 2026

4 entries

1Friday

Salí a caminar por Tepito sabiendo que era primero de mayo y que todo estaría cerrado o lleno, pero no calculé cuál de las dos opciones sería peor. Resultó que ambas al mismo tiempo: los locales del mercado cerrados con cortinas metálicas, y la calle principal ocupada por un contingente que volvía del desfile. Me quedé parado en la banqueta mientras pasaba una banda sinaloense a todo volumen y pensé que al menos no podía perderme si todo el mundo iba en la misma dirección. Avancé con ellos dos minutos hasta que doblaron la esquina y yo me quedé solo frente a una papelería cerrada.

Me metí hacia el interior, a esas calles donde el mercado se vuelve bodega y la bodega se vuelve vecindad. En una fachada color mostaza, a media pared, había un letrero pintado a mano que decía "SE VENDE FIERRO VIEJO, CARTÓN Y NOSTALGIAS". Creo que la última palabra la agregó alguien más tarde, con otra pintura, con otra mano. No importa quién: encajaba.

Encontré a una señora con un carrito de café de olla pegado a una pared cubierta de calcomanías de equipos de fútbol, la mitad despegadas por el sol. Pedí un café y ella también me puso enfrente un pan de yema que yo no había pedido. Me cobró los dos. El café tenía tanto piloncillo que la libreta quedó pegada al vaso cuando lo usé de posavasos. Arrancarla fue el momento más dramático de la mañana.

El "atajo" que encontré en el mapa me llevó a un pasillo que terminaba en una cortina de plástico y una señora que me dijo "aquí no, joven" con mucha tranquilidad, sin sorpresa, como si todos los días alguien llegara hasta ahí por el mismo error. Salí de la misma manera que entré y tardé diez minutos en encontrar la calle paralela.

De regreso en el microbús, alguien llevaba una planta tan grande que tapaba el pasillo de lado a lado. Nadie dijo nada. El ayudante cobró las cuentas maniobrando alrededor de las hojas con una destreza que parece que tarda años en aprenderse. Escribí esto en la última hoja de la libreta mientras el camión frenaba y arrancaba por Circunvalación, que un día fue el borde de la ciudad y ahora es simplemente una avenida con mucho tráfico y pocas aceras.

#caminardeciudad #diariodepaseo #cdmx #tepito

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9Saturday

Salí de Buenavista con la idea de cruzar Santa María la Ribera de norte a sur, doblar en algún punto que se viera interesante y llegar a algún café antes de que cerraran. Plan sencillo. Duró hasta la segunda cuadra.

El error fue asumir que "paralela" en el mapa equivale a "paralela" en la calle. Viré donde no debía, entré a un callejón que parecía atajar y me condujo directo a la pared trasera de una vecindad. Salí por donde entré, que es siempre la solución que uno pospone más tiempo del necesario.

Ya en el recorrido correcto, encontré una fachada dividida exactamente a la mitad: la parte izquierda repintada hace poco, en azul cielo casi brillante; la derecha todavía con el color original, más oscuro, más poroso. La línea de separación no seguía ninguna lógica aparente, como si el dueño se hubiera quedado sin ganas o sin pintura justo ahí. Debajo, alguien había escrito a mano "SE RENTA LOCAL" con letras que se inclinaban un poco hacia arriba, como si la pintura también tuviera prisa.

Comí en una fonda sin letrero visible —cayó o nunca existió, difícil saberlo— donde pedí el caldo de res sin ver que la persona de la mesa de al lado ya tenía el arroz rojo, que era lo que yo quería. Me trajeron el caldo. Tenía hierbabuena y un trozo de calabaza que flotaba con cierta dignidad. Estaba bien el caldo.

De regreso caminé por el lado del parque. Me senté un momento en una banca rayada con nombres y años. La fecha más antigua que alcancé a leer decía 2003. Me pregunté qué tan lejos habría caminado esa persona ese sábado y si también se había perdido en algún callejón antes de llegar ahí.

En el camión de regreso escribí en la libreta: "fachada mitad y mitad, el caldo tenía hierbabuena". No sé muy bien para qué. Para esto, supongo.

#caminardeciudad #diariodepaseo #cdmx #santamarialaribera

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15Friday

Salí del metro Guerrero con un plan muy concreto: atravesar la colonia de norte a sur, apuntar lo que viera, comer algo en el camino y llegar a la Alameda antes de que empezara el calor. El plan duró aproximadamente dos cuadras. Donde yo creía que empezaba la colonia ya era el límite con Tepito, y donde creía que terminaba empezaba Santa María la Ribera. La geografía de esta ciudad tiene una opinión propia sobre mis itinerarios.

Caminé un rato por calles que cambian de anchura sin avisar. Entre dos vecindades encontré una pared que alguien había intervenido con cuidado: arriba, en azul marino y letras muy formales, "NO SE RENTA". Debajo, con distinta mano y otro tono de azul, "tampoco se vende". Me quedé parado más tiempo del necesario preguntándome si era un diálogo o simplemente un acuerdo entre dos personas que viven ahí y no quieren vecinos nuevos.

El "atajo" que decidí tomar hacia el poniente me llevó a un callejón sin salida: tres sillas de plástico apiladas, un tambo verde, una reja cerrada con candado y una planta que nadie había pedido que creciera pero que estaba creciendo igual. Volví sobre mis pasos. Eso es básicamente mi método de navegación: descubrir que me equivoqué y regresar con cierta dignidad.

Me refugié en una cafetería de las que tienen mantel de hule florido y la televisión prendida aunque nadie la mira. Pedí café de olla. Me trajeron Nescafé en vaso de unicel. No dije nada porque claramente me lo estaba mereciendo. El café sabía a las ocho de la mañana aunque ya eran casi las doce, lo cual no sé si es un insulto o un elogio, pero lo anoto igual porque ese sabor tiene algo honesto que las cafeterías de especialidad nunca van a tener.

Llegué a la Alameda sin haberlo planificado exactamente así. Me senté en una banca de fierro, abrí la libreta y escribí tres líneas: "Guerrero: más ancha de lo que parece desde el metro, más tranquila de lo que cuentan, con paredes que tienen algo que decir si uno no va con prisa." No es mucho, pero el día tampoco pedía más.

#caminardeciudad #diariodepaseo #cdmx #coloniaguerrero

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22Friday

Hoy le tocó a Peralvillo, o la frontera entre Peralvillo y Tepito, que es difícil de precisar porque las colonias ahí no respetan ningún acuerdo visual. Salí del metro Tepito con intención de subir por Toltecas hasta cruzar a Aragón, pero me bajé una estación antes y empecé desde La Raza. Lo cual cambió el plan. No tanto el camino.

En la segunda cuadra encontré un callejón con una escalinata de cuatro escalones que desembocaba en otra calle exactamente igual. Lo usé de atajo pensando que acortaría. Lo usé tres veces.

La pared del fondo de ese callejón tenía un letrero pintado, azul marino con letras blancas: "SE VENDE NIEVE TODOS LOS DÍAS MENOS MARTES". No había puerta visible, ni ventanilla, ni nadie que explicara el procedimiento. Lo anoté y seguí sin nieve.

Paré a comer en una fonda cerca del mercado. Pedí lo que me pareció que decía "caldo tlalpeño" en el pizarrón, pero llegó un consomé con arroz y no protesté. Tenía ese sabor a jitomate cocido largo, espeso sin esforzarse, que convence aunque no sea lo que pediste.

Terminé en la glorieta de Peralvillo — que en realidad es una esquina ensanchada donde cinco calles llegan sin haberse puesto de acuerdo — y me senté en una banca de cemento a revisar la libreta. Cuatro páginas con dos buenas observaciones y una duda sobre si Toltecas es realmente paralela a lo que yo creía.

#caminardeciudad #tepito #cdmx #diariodepaseo

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