Esta mañana salí sin plan fijo, solo con la idea de caminar hasta encontrar algo que me sorprendiera. En la calle Alcalá, cerca de la Puerta del Sol, un anciano vendía mapas turísticos de Madrid de 1987. Le pregunté si todavía había gente que los comprara.
"Más de la que piensas", me dijo sin levantar la vista. "Algunos buscan la ciudad que ya no existe."
Me quedé mirando uno de los mapas desplegados. Las líneas del metro eran más simples, faltaban barrios enteros que hoy conozco bien. Compré uno por tres euros, no porque lo necesitara, sino porque me gustó esa idea: buscar lo que ya no está.
Seguí caminando hacia Lavapiés con el mapa en la mano. Intenté usarlo para orientarme, pero claro, la mitad de las calles que marcaba como "en construcción" ahora son avenidas principales. Quizás debí traer mi teléfono con GPS, pensé mientras daba vueltas tratando de ubicar una plaza que supuestamente existía cerca.
Al final encontré un café pequeño que definitivamente no aparecía en el mapa. Pedí un cortado y le conté al camarero mi experimento del día. Se rio y me dijo que él también era nuevo en Madrid, llegó hace dos años desde Quito. "Para mí todo es nuevo, no necesito mapas viejos", bromeó.
Me di cuenta de algo curioso: cuando caminas con un mapa antiguo, prestas más atención. Buscas señales, comparas, te pierdes un poco. Es como ver la ciudad en dos tiempos al mismo tiempo. Cometí el error de confiar demasiado en una calle que ya no se llama igual, pero aprendí que perderse con propósito es distinto a perderse por distracción.
Volví a casa por un camino que no conocía, doblando esquinas al azar. Mañana tal vez vuelva a salir sin GPS. O tal vez compre un mapa de 1995.
¿Qué versión de tu ciudad caminarías si pudieras elegir la época?
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