La habitación ya no tiene eco. Sofía lo nota cuando arrastra la última caja hacia la puerta y el...
La habitación ya no tiene eco. Sofía lo nota cuando arrastra la última caja hacia la puerta y el...
La lavandera automática de la calle Necochea cerraba a medianoche. Eran las once y cuarto cuando...
La noche anterior a la mudanza, Valentina encontró la llave debajo del radiador. Era pequeña, de...
Encontró la llave la noche que vació el último cajón. Estaba en el bolsillo interior del tapado...
Encontró la llave en el último cajón, envuelta en un trozo de género azul como si alguien la...
Encontró la llave debajo del cajón del escritorio, no adentro sino debajo, pegada a la madera con una cinta vieja que ya no pegaba nada.
La levantó y la sostuvo un momento bajo la luz de la cocina. Era de latón, pequeña, con el ojo en forma de diamante. No correspondía a ninguna cerradura de ese departamento. Lo supo sin siquiera probar.
Afuera pasó un camión y las paredes crujieron levemente, como siempre habían crujido.
Hacía tres años que vivía en ese cuarto. Había llegado en invierno con dos bolsas de viaje y una caja que nunca abrió porque al final no necesitó lo que guardaba adentro. Mañana venían los de la mudanza. Ya no quedaba casi nada: la escoba en el rincón, el gancho detrás de la puerta, el olor a humedad que había aprendido a querer.
Puso la llave sobre la mesa. Pensó en dejarla para el próximo inquilino, pero algo en esa idea le pareció, sin saber bien por qué, una crueldad pequeña.
Salió al pasillo y bajó las escaleras. En la planta baja, el farol del zaguán titilaba como siempre había titilado. En la vereda todavía había tierra mojada del aguacero de la tarde y el aire olía a pasto y a cemento húmedo.
Caminó hasta el quiosco de la esquina y pidió un café. El hombre se lo sirvió sin preguntar, como si la conociera desde siempre. Tal vez la conocía.
Cuando volvió, la llave seguía sobre la mesa, en el centro exacto, como si alguien la hubiera acomodado. La guardó en el bolsillo del abrigo. Parecía que no podía hacer otra cosa. Parecía que nunca había podido.
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