Lunes. Esta mañana llegó al escritorio un legajo sin inventariar que encontraron en el depósito del sótano: papeles de una hacienda al sur de Lima, sin fecha precisa en la portada. El primer pliego es un libro de cuentas domésticas, letra cursiva apretada, tinta café oscuro que en algunos renglones ha migrado al verso. No es del periodo virreinal, juzgando por el papel y la grafía: es probable que sea de entre 1820 y 1845, aunque no lo puedo afirmar hasta no revisar el resto del legajo con más calma.
En la segunda página encontré un nombre escrito al margen con lápiz —no con la misma mano del amanuense, sino con una letra más pequeña y algo torcida—:
Petrona