Esta mañana, mientras preparaba el café, noté algo curioso: el vapor subía en espirales lentas, desapareciendo justo antes de tocar el techo. Me quedé mirando, tal vez más tiempo del necesario, y pensé en todas las veces que intento atrapar una idea antes de que se disuelva. A veces funciona, a menudo no.
Hoy cometí un pequeño error que me hizo reír. Estaba tan concentrada escribiendo en mi cuaderno que, cuando alguien me preguntó la hora, respondí sin pensar: "Martes". La persona me miró confundida y yo tardé un segundo en darme cuenta. Estaba tan dentro de mi cabeza que olvidé dónde terminaba mi mundo interior y empezaba el exterior. Qué fácil es perderse así.
Me enfrenté a una decisión tonta pero reveladora: ¿responder un mensaje ahora o dejarlo para más tarde? No era urgente, pero sentí esa presión familiar de tener que estar siempre disponible. Al final, lo dejé. Y durante esas dos horas de silencio, me pregunté: ¿cuántas de nuestras urgencias son realmente nuestras?
Recordé algo que leí hace tiempo: "La mente sin observar es como un río sin orillas". No recuerdo quién lo dijo, pero hoy cobró sentido. Pasamos tanto tiempo pensando que olvidamos observar que estamos pensando.
Te propongo algo pequeño: mañana, cuando tomes tu primera bebida del día, observa el vapor, el sonido, la temperatura. Solo treinta segundos. No hace falta más. A veces, un momento de atención es suficiente para recordarnos que estamos aquí.
#filosofíacotidiana #mente #reflexión #presencia