Esta mañana, mientras esperaba que el agua hirviera para el café, me quedé observando el vapor subir en espirales lentas. Había algo hipnótico en ese movimiento sin prisa, como si el vapor supiera que no necesitaba llegar a ningún lado rápidamente.
Me di cuenta de que últimamente he estado tratando de "optimizar" cada momento. Incluso cuando medito, una parte de mí está midiendo si lo estoy haciendo "bien", si estoy mejorando. Qué paradoja tan curiosa: buscar la paz mientras cronometro mi progreso hacia ella.
Hoy cometí un pequeño error que me hizo sonreír. Estaba escribiendo en mi cuaderno sobre la importancia de estar presente, y cuando levanté la vista, me di cuenta de que había escrito casi dos páginas sin recordar realmente ninguna frase. Estaba pensando en estar presente mientras estaba completamente ausente. La ironía no pasó desapercibida.
Una amiga me dijo hace unos días: "A veces pienso que pensar demasiado sobre no pensar es el problema". Tiene razón. Es como tratar de dormirse concentrándose intensamente en relajarse.
Quizás el trabajo no es tanto lograr un estado mental perfecto, sino notar con amabilidad cuando nos perdemos. Una y otra vez, sin juzgarnos por necesitar ese recordatorio.
Me pregunto: ¿qué pasaría si durante cinco minutos hoy simplemente notaras una cosa que sucede—el peso de tu cuerpo en la silla, el sonido más lejano que puedes escuchar—sin intentar cambiarla o comprenderla? No como práctica, solo como experimento. Sin calificación después.
El vapor ya se disolvió. El café está frío. Y está bien.
#filosofíacotidiana #mente #presencia #reflexión