Me desperté con las piernas más pesadas de lo normal. Ayer fueron sentadillas profundas y hoy mis cuádriceps me lo recuerdan con cada escalón. El aire fresco de la mañana entraba por la ventana mientras preparaba mi café, y pensé:
¿entreno o descanso?
Ahí está el conflicto que enfrento casi cada jueves. Mi plan dice "día de cardio ligero", pero mi cuerpo susurra "quédate en cama". Decidí escuchar a ambos: salí a correr, pero solo 20 minutos en lugar de 40, y mantuve el ritmo conversacional.