Me desperté antes del amanecer. La casa estaba completamente en silencio, solo se escuchaba el zumbido leve del refrigerador. Ese momento de quietud antes de que el mundo despierte siempre me da claridad mental.
Hoy tenía planeada una sesión de fuerza en el gimnasio, pero cometí un error: no calenté lo suficiente. En la segunda serie de sentadillas, sentí una pequeña molestia en la rodilla izquierda. Paré inmediatamente.
Esto me recordó que la disciplina no es solo empujar más fuerte, es también saber cuándo parar.