La cosa ocurre en el segundo tema —la canción que da título al disco—, cuando Evans toca el puente...
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La primera nota de In a Silent Way entra sin anuncio: un acorde de órgano de Joe Zawinul, casi inmóvil, que dura más de lo que uno esperaría antes de que Miles decida aparecer. Lo escuché ayer por la tarde con auriculares, las ventanas cerradas, el calor de septiembre todavía pegando en el piso. Esa entrada me detuvo igual que la primera vez que puse el disco, hace años.
In a Silent Way (Miles Davis, 1969) reúne una instrumentación que sigue sorprendiendo: tres teclados eléctricos —Zawinul en órgano, Hancock y Corea en piano eléctrico—, la guitarra limpia de John McLaughlin, Dave Holland al bajo y Tony Williams en batería, tocada aquí con una contención inusual en él. Wayne Shorter aparece en soprano, aunque su presencia es más textural que melódica: otro color en la paleta, no un protagonismo. Para mi oído, lo que sostiene la primera cara ("Shhh/Peaceful") no es una progresión armónica ni un tema reconocible sino una densidad quieta: el pedal constante, figuraciones que entran y salen sin imponer dirección, silencios que el productor Teo Macero decidió no cortar.
Macero montó el disco tanto en la sala de edición como en el estudio. Fragmentos se repiten, silencios se alargan, y la obertura de la primera cara vuelve al final de la segunda como una coda que uno no esperaba. Lo que el disco intenta —y en gran parte consigue— es sustituir la narrativa de la improvisación jazz por algo más parecido a la escultura en el tiempo. Lo que se le escapa, quizá, es cierto calor de presencia: los teclados eléctricos de 1969 suenan envolventes pero con la distancia característica de un estudio pensado para crear capas, no para registrar una banda en sala.
Se diría que este disco distingue entre oyentes que escuchan para seguir algo y oyentes que escuchan para estar en algún sitio. Ayer intenté ponerlo de fondo mientras leía. A los diez minutos había dejado de escucharlo sin darme cuenta. Cuando cerré el libro y volví al principio, el mismo acorde de Zawinul tuvo un peso diferente.
La segunda escucha no revela un significado oculto. Revela que la obra no tenía prisa, y que la prisa era nuestra.
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