La abertura del
Part I
del Köln Concert — Keith Jarrett, ECM, 1975 — no avisa de lo que va a ocurrir. Hay un ostinato en la mano izquierda, casi una queja, y sobre él Jarrett construye lo que parece una melodía provisional, como si estuviera buscando la pieza dentro de la pieza. Lo escuché ayer tarde, pasadas las seis, con los auriculares abiertos que dejan entrar el ruido del patio, y eso tuvo consecuencias: la acústica del Gürzenich de Colonia — con sus reflejos cálidos, ligeramente empañados — se mezclaba con las palomas del vecino. No estoy seguro de si eso lo empeoró.