Esta mañana entré a la galería con la luz del mediodía filtrándose por los ventanales altos. El espacio olía a madera barnizada y a ese silencio particular de las salas de exposición, donde incluso los pasos se vuelven reverentes. La muestra era de una artista local que trabaja con tinta china sobre papel de arroz, y desde el primer trazo supe que algo me había atrapado.
Me acerqué demasiado a la primera pieza. El guardia carraspeó suavemente y retrocedí, avergonzado.
Siempre hago esto